viernes, 13 de abril de 2018

Los estrenos en Sevilla de 13-04-2018


8 películas se estrenan el 13 de abril de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones son francesas, una estadounidense, una británica, una italiana, una belga, una islandesa y una mexicana. Variedad de nacionalidades y de propuestas. No obstante, como ocurre siempre, esta semana se queda sin editar en Sevilla el interesante thriller colombiano basado en hechos reales “Matar a Jesús” (Laura Mora Ortega, 2017), premio de la Juventud en el Festival de San Sebastián 2017. Otra película que no nos llega a Sevilla es la canadiense “Los hambrientos” (Robin Aubert, 2017), una película de terror ganadora del Premio a la Mejor Película Canadiense en el Festival de Toronto 2017. También quedan fuera de la cartelera las producciones españolas “El sueño de la lagartija” (Pedro Pérez Rosado, 2018) y “Blue Rai” (Pedro B. Abreu, 2017). Lamentamos estas ausencias de la cartelera y pasamos a nuestro repaso semanal de lo estrenado en Sevilla.       


Alma Mater (Bélgica, 2017). Dir. Philippe Van Leeuw.
Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2017) y Premio del Público en la sección “Panorama” del Festival de Berlín 2017.
Drama sobre la guerra de Siria interpretado por Hiam Abbass, Diamand Bou Abboud, Juliette Navis y Mohsen Abbas.
Nadie sale indemne de una guerra. Quizá sí en lo físico, pero nunca en lo moral. Y las mejores películas de la historia del cine relacionado con las contiendas bélicas siempre son las que se acercan a las decisiones más cotidianas, pero más complejas, en las que los personajes dudan, cometen errores, y no las que mantienen a sus criaturas y a la propia historia en un irreprochable ideal moral tan estimable como, en casi todos los casos, poco convincente. Y en esa zona de nobleza y de verdad se sitúa la notable película belga “Alma mater”, segundo trabajo de Philippe Van Leeuw, ambientada en la guerra civil siria.
Los bombardeos, la destrucción, la muerte, y junto a ellos, en el extremo más depravado de la naturaleza humana, los saqueos y las violaciones. “Alma mater” ofrece dilemas perturbadores, huye de lo melifluo y, entre el sonido de las bombas y los disparos de los francotiradores, está ambientada en un escenario único: un piso de un edificio aún en pie, en el que se han refugiado varios vecinos, con el dominio de esa madre coraje del título. Un ecosistema imposible que ahora es zona de guerra, en el que se intenta mantener una cierta organización. Aun a costa de la ética.
Van Leeuw, también guionista, reflexiona sobre la vergüenza de huir, de dejar atrás a los tuyos, y sobre las terribles situaciones en las que no caben la solidaridad y el heroísmo. O quizá sí, aunque se trate de un coraje que no se pueda reclamar, porque nadie está preparado para semejantes disyuntivas, y porque, si en todo caso se ejercita, seguramente tenga mucho más que ver con un impulso natural que con una decisión razonada.
En un emplazamiento asfixiante y limitado, el director aplica una puesta en escena ágil pero sin aspavientos ni temblores de cámara. Y, de un pasillo a otro, de una habitación a la siguiente, convierte una vivienda y a un puñado de personajes en el centro del universo más espinoso de la conducta humana. Recomendada.



Heartstone, corazones de piedra. (Islandia, 2016). Dir. Guðmundur Arnar Guðmundsson.
Drama de temática homosexual proyectado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, interpretado por Baldur Einarsson, Blær Hinriksson, Gunnar Jónsson, Søren Malling y Nína Dögg Filippusdóttir.
Situado en los primeros compases de la adolescencia, cuando la transformación del propio cuerpo lleva a anhelar, con urgencia, el contacto con otras pieles (por leve que este sea, sus resonancias siempre serán abrumadoras), Thor se entrega a un elocuente ritual en la soledad del cuarto de baño: recoge de un cepillo los pelos que han dejado su madre y sus hermanas y, con torpeza, se los coloca sobre su todavía despoblada zona púbica para contemplarse en el espejo. “Heartstone, corazones de piedra”, primer largometraje de Guõmundur Arnar Guõmundsson, es una historia de iniciación ambientada en una zona remota del este de Islandia, que, hasta el momento, había sido territorio virgen como localización cinematográfica.
La dureza del entorno geográfico, pero también la severidad del clima social y las irradiaciones tóxicas de unos entornos familiares desestructurados, condicionarán el fluir del proceso de crecimiento vital. En cierto sentido, para los personajes de esta película lo que cuenta –y, sobre todo, cómo lo cuenta- una película como la celebrada “Call me by your name”, de Luca Guadagnino, debe de parecer un mensaje transmitido desde un planeta extraterrestre: un universo arcádico, cuyo funcionamiento tiene muy poco que ver con la hostilidad humana y ambiental que rodea el brote de deseo homosexual, doliente y no asumido, que concentra los tonos dramáticos de este trabajo que, definitivamente, no se ambienta en ningún mundo platónico de las ideas, sino en un tangible territorio de desamparo, exclusión, aislamiento y temperaturas extremas.
Con una cámara nerviosa al servicio de la brusca fisicidad de sus personajes, el cineasta detalla la conflictiva gestión del deseo homosexual por parte de Christian, el íntimo amigo del protagonista, mientras éste parece ir abandonando esa zona de premeditado equívoco donde el juego viril camufla, a duras penas, la curiosidad por un cuerpo ajeno. Con un metraje generoso, pero rico en detalles reveladores, la película prefiere decir la verdad, aunque sea incómoda, que seducir a toda cosa, como la mencionada obra de Guadagnino. Quizá por eso tenga peor fortuna, sin merecerla. Saber transmitir el valor de una caricia en pleno infierno vital es un logro mayúsculo. Recomendada.



La delgada línea amarilla. (México, 2015). Dir. Celso García.
Premio Especial del Jurado y Mejor Guión en el Festival de Gijón 2015.
Road movie mexicana que nos llega con tres años de retraso. La cinta está interpretada por Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Gustavo Sánchez Parra, Silverio Palacios y Américo Hollande.
El score está compuesto por Daniel Zlotnik.
Sencilla, directa a pesar de su simbolismo, ya desde el título, y profundamente honesta. Como su personaje central, jefe de obra de una cuadrilla de trabajadores que pinta las discontinuas rayas centrales de unas carreteras secundarias que no son sino la propia vida. Así es la mexicana “La delgada línea amarilla”, película del debutante Celso García, coproducida por Guillermo del Toro.
Relato de sueños y derrotas, de existencias entrecortadas que a veces se tuercen y otras mantienen el pulso hasta recuperar el camino recto, que gotean por el peso del pasado, la película está contada con la misma profesionalidad que quiere ejercer a cada minuto, casi con amargo empecinamiento, su protagonista. García aplica elegancia en el encuadre, con la cámara en el lugar justo para la mejor expresividad del plano, y solo se descarría un tanto en la innecesaria deriva amorosa del personaje más joven, innecesaria, y que parece directamente de otra película, mucho más empalagosa y facilona.
Sin embargo, es apenas un desliz, unos minutos en un conjunto sobrio, con excelente banda sonora de Daniel Zlotnik, que circula por el terreno de la road movie de carácter moral, pero que tiene incluso apuntes de western, tanto en su tratamiento del paisaje como en su carácter crepuscular. Y sin dejar en ningún momento de ser una película de personajes, de grupo antagónico que encuentra en la solidaridad el mejor camino para superar el impulso autodestructor. Recomendada.



La casa torcida. (Reino Unido, 2017). Dir. Gilles Paquet-Brenner.
Adaptación de una novela de intriga de la británica Agatha Christie, interpretada por Glenn Close, Terence Stamp, Christina Hendricks, Gillian Anderson, Max Irons, Stefanie Martini y Amanda Abbington.
“Se trazó una trayectoria que siguió hasta el fin sin ansias culturizantes ni innovadoras. Y el público no esperaba otra cosa de ella. Sus lectores sabían lo que iban a encontrar en una novela de Agatha Christie y no se sintieron nunca defraudados”, escribía Salvador Vázquez de Parga en su divulgativo “Los mitos de la novela criminal”, fijando con precisión el tipo de placeres que la llamada reina de la novela policiaca proporcionaba a sus incondicionales: una garantía fundamentada en la previsibilidad y la limpia resolución del enigma a partir de un limitado repertorio de variables. En sus manos, el género era un artefacto tan despojado de lo pulsional como un juego de mesa: no resulta extraño, pues, que la especialidad de Miss Christie –la novela enigma- acabase inspirando una célebre creación para dados y tablero –el Cluedo- que, precisamente, llegó al mercado el mismo año -1949-, en la que la escritora publicaba “La casa torcida”, una de las obras favoritas de su autora, que Gilles Paquet-Brenner ha llevado a la pantalla bajo la convicción de que al potencial público de adaptaciones del catálogo de la Dama del Crimen tampoco tienen en alta estima la innovación y la sorpresa.
El ciclo de versiones cinematográficas que abrió “Asesinato en el Orient Express” (1974), de Sidney Lumet, fijó un modelo que la nueva lectura de Kenneth Branagh parecía revivir en clave manierista: producciones con el crepuscular sentido del star-system de una película de catástrofes… sin catástrofe. Paquet-Brenner se aplica a ese patrón sin atisbo de inspiración expresiva, pero Glenn Close, Julian Sands y Gillian Anderson, entre otros, le sacan las castañas del fuego con su colectivo retrato de una aristocracia endogámica y monstruosa. Que, en este caso, el héroe no luzca particularidades habilidades deductivas suma un punto de extrañeza al previsible mecanismo. Recomendada (con reservas).



El buen maestro. (Francia, 2017). Dir. Olivier Ayache-Vidal.
Comedia dramática sobre profesores, alumnos y centros de enseñanza. Interpretada por  Denis Podalydès, Marie-Julie Baup, Léa Drucker y Pauline Huruguen.
Un profesor de un prestigioso instituto parisino es transferido a una escuela de la periferia y poco a poco, mientras logra que sus problemáticos alumnos exploren su potencial y su interés en la literatura, él mismo aprenderá a ser más persona. “El buen maestro”, en otras palabras, es puro cliché. Y pese a que el director Olivier Ayache-Vidal finge estar interesado en explorar los desafíos del sistema educativo francés, en última instancia sus conclusiones son más bien simplistas: que todo cuanto necesitan los jóvenes de clases desfavorecidas para esquivar el fracaso escolar es que un docente de los barrios pijos acuda en su rescate. No Recomendada.



Proyecto Rampage. (USA, 2018). Dir. Brad Peyton.
Película de acción, ciencia-ficción y videojuego, interpretada por Dwayne "The Rock" Johnson, Naomie Harris, Jeffrey Dean Morgan, Malin Akerman y Joe Manganiello.
The Rock más efectos especiales. Este es el esquema predilecto del rocoso actor Dwayne Johnson, simpático pero bastante limitado en cuanto a registros. Con todo, siempre ofrece lo que se espera y nunca pretende engañar al espectador: conoce sus limitaciones y no va a embarcarse en películas en las que no pueda dar la musculosa talla. “Proyecto Rampage” está en la línea del cine robusto-digital que el actor y el director Brad Peyton ya han practicado juntos en “Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa” y “San Andrés”.
Aquí añaden a la mezcla más testosterona fantástica, más destrozos urbanos como si se tratara de una película de catástrofes –en “San Andrés” estaba justificado por un terremoto, pero aquí es la presencia de animales gigantescos que han mutado genéticamente y asolan la ciudad– y singulares homenajes o citas a King Kong y todos sus derivados, ya que el enorme gorila plateado con el que The Rock se hace unas bromas acaba asumiendo las funciones del rey Kong del clásico fantástico.
“Proyecto Rampage” funde acción, aventuras, ciencia ficción (la secuencia inicial en el espacio), fantástico con criaturas terroríficas y cine de catástrofes, con toques de misantropía y ecologismo producto de las buenas relaciones que el primatólogo protagonista entabla con el gorila, no así con los humanos.
Este es el hábitat más natural para que The Rock, convertido en sí mismo en un efecto especial, como se ha escrito con gracia, combata monstruos de afiladas dentaduras y púas por todo el cuerpo y lobos gigantes capaces de volar, pilote helicópteros, salte por edificios, dispare balas o misiles y soporte el dolor tan estoicamente que se diría ungido por las cualidades de un superhéroes de Marvel. Lo mejor del filme es un plano cenital en el que el gorila se zampa a uno de los villanos de la función. No Recomendada.



Cariño, yo soy tú. (Francia, 2017). Dir. Bruno Chiche.
Comedia francesa interpretada por Stéphane De Groodt, Louise Bourgoin, Aure Atika y Ginnie Watson.
En “Dos veces yo” (1984), Carl Reiner daba una vuelta de tuerca a un baqueteado tópico de la comedia –el trasvase de cuerpos, con forzada y sobrenatural reasignación de género de por medio- y encontraba en Steve Martin al instrumento perfecto no solo para sostenerlo, sino también para retorcerlo: el cómico ponía su talento para la sobreactuación al servicio de un delirante personaje, en cuyo interior convivían, a la vez, una identidad masculina y otra femenina (que, además, se llevaban francamente mal). En “Cariño, yo soy tú”, una pareja de amantes ve intercambiada súbitamente sus identidades, sin que los tres guionistas hayan creído oportuno buscar ningún tipo de excusa argumental –por insensata que fuera- para la pirueta: una comedia de high concept que se olvida del high concept para poner en marcha su enredo, fundamentado en el desplazamiento de gestualidades, como mero juego acotado entre los límites de su escueto metraje.
El principal problema de la película, junto a la rutinaria naturaleza de sus gags, es que resulta imposible ver a Louise Bourgoin en el lenguaje corporal de Stéphane De Groodt (y viceversa) y, constantemente, el espectador necesita ser alertado por las situaciones y los diálogos para recordar que ella es él y él es ella. En defensa de este sostenido tropiezo –que nada tiene que ver con la delicada poética de “Your Name” (2016), de Makoto Shinkai- solo puede decirse que, por lo menos, no pone su ocurrencia al servicio de ningún arco dramático de redención y crecimiento personal. No Recomendada.



Leo Da Vinci: Misión Mona Lisa. (Italia, 2018). Dir. Sergio Manfio.
Película de animación italiana. 
La chica que le gusta a Leo, Mona Lisa, está en apuros: alguien ha quemado toda la cosecha de su familia. Para ayudarla en sus problemas económicos, el joven tendrá una alocada pero divertida idea para la que contará con la ayuda de su amigo Lorenzo: encontrar el barco pirata que se hundió años atrás cerca de la Isla de Montecristo y recuperar el tesoro que dicen que mantiene consigo. Por el camino van encontrándose con nuevos amigos como Agnes o Nicolo, pero también con alguien que va en busca del tesoro: un malvado pirata que hará lo posible para llegar a él antes que Leo. A lo largo de sus aventuras se pueden ir viendo los diferentes ingeniosos inventos del chico, que resultarán de lo más útiles para conseguir sus objetivos. No existen muchas referencias sobre el filme, pero  no nos tiraremos a la piscina. No Recomendada.


miércoles, 11 de abril de 2018

Lecturas de cine


Abril, mes del libro y de la lectura, nos parece un buen momento para repasar algunas de las novedades editoriales que encontramos en la -cada vez más abultada- sección dedicada al Cine en nuestras librerías y bibliotecas. Traemos aquí una pequeña muestra:  

Historias de Cine. Relatos que inspiraron grandes películas

Edición de Juan Antonio Molina Foix.

Ediciones Siruela: 380 páginas, 21,95 €

Esta antología recoge once relatos de algunos de los escritores más destacados de la literatura universal, que además de poseer en sí mismos una calidad ejemplar, dieron lugar a indiscutibles obras maestras de la gran pantalla. 

Contiene los siguientes relatos:

- "Rashomon" y "En la espesura del bosque", de Ryunosuke Akatagawa (Rashomon, Akira Kurosawa).

-  "La casa Tellier", de Guy de Maupassant (Le plaisir, Max Ophuls).

- “La cabaña entre las cañas esparcidas” de Ueda Akinari (Cuentos de la luna pálida, Kenji Mizoguchi).

- “Miedo” de Stefan Zweig (La paura, Roberto Rossellini).

- “El idilio de Miss Sarah Brown” de Damon Runyon (Ellos y ellas, Joseph L. Mankiewicz).

- “Testigo de cargo” de  Agatha Christie (adaptada con el mismo título, por Billy Wilder).

- “El hombre que mató a Liberty Balance” de Dorothy M. Johnson (idem, John Ford).

- “Los pájaros” de Daphne du Maurier (idem, Alfred Hitchock)

- “Una historia inmortal” de Isak Dinesen (idem, Orson Welles).

- “La sumisa” de Fiódor Dostoievski (Une femme douce, Robert Bresson)

- “Los muertos”, de James Joyce (Dublineses, John Huston)

Cada una de las historias va precedida de una breve introducción, en la que se comenta el relato y se valora su adaptación cinematográfica.


Bette & Joan. Ambición Ciega

Guillermo Balmori

Ediciones Notorius: 220 páginas, 20,95 €

Bette Davies y Joan Crawford protagonizaron el mayor duelo de divas de la historia del cine en "¿Qué fue de Baby Jane?" (Robert Aldrich, 1962), pero la rivalidad entre ellas venía de lejos, alimentada por la ambición y los celos de ambas y también por la ferocidad de Hollywood, que utilizaba y desechaba a las actrices a partir de cierta edad.

A la revisión de esta relación que hemos visto en la serie "Feud", de HBO, se une ahora este libro, "Bette & Joan. Ambición ciega", de Guillermo Balmori, experto en cine, escritor y coeditor e Notorius Ediciones, que ahonda en sus causas y circunstancias.

Según el autor, la que fue estrella de la Metro, Joan Crawford, siempre admiró a Bette Davies, pero no al revés. "Davies fue la gran sádica de Hollywood y Crawford la gran masoquista", señala en las páginas del libro, dando por buena una sentencia de un crítico de la época.

Muchas de las cosas que se han escrito sobre la mala relación entre ambas, deben tomarse con cierta reserva, puesto que los reporteros y columnistas de la época se encargaron de sacar toda la punta posible a una historia muy del gusto del público; y por otro lado, la jefa de prensa de la película "¿Qué fue de Baby Jane?", y las propias actrices contribuyeron a fomentar este circo.


Cine y navegación. Los 7 mares en 70 películas

Fernando de Cea Velasco

Editorial Berenice: 400 páginas, 23,00 €

El cine ha expresado su fascinación por todo lo que tiene que ver con la mar y los océanos, tal como demuestran los cientos de películas que han tratado el tema, desde los comienzos del cinematógrafo hasta nuestros días.

El  autor de este original libro, Fernando de Cea, une a su condición de marino  la de crítico de cine, lo que le permite hacer un análisis riguroso y documentando, a la vez que ameno, de la relación del mar con el séptimo arte. Contiene una selección de reseñas de las setenta mejores películas sobre navegación de todos los tiempos, con comentarios, datos históricos y curiosidades propias del entorno marítimo. Se analizan tanto cintas clásicas y modernas, películas que van desde “El capitán Blood”, “El motín del Caine”, o “Capitanes intrépidos”, hasta “Piratas del Caribe”, “Capitán Phillips” o “Master and Commander”, entre otros muchos títulos representativos del género, con referencias a casi quinientas películas.

Una obra que gustará a los aficionados al cine y a la historia, pero que también atraerá enormemente a quienes les interese todo lo relacionado con la mar.


Wagner y el cine. De las películas mudas a la saga de Star Wars

Edición de Jeongwon Joe y Sander L. Gilman

Ediciones Fórcola: 648 páginas, 39,50 €

La obra de Richard Wagner es fuente de continua inspiración artística y de controversia ideológica, tanto en literatura y filosofía como en las artes visuales, además de la música. El cine no es una excepción. Sus dramas musicales, sus argumentos y sus personajes han influido en artistas, poetas, en compositores y también en directores de cine. En Wagner y el cine, un grupo de historiadores y musicólogos examina, de forma muy rigurosa, la influencia del wagnerismo en el cine, desde la era de las películas mudas, hasta la actualidad, y aporta ejemplos del empleo que los filmes han hecho de Wagner.

La estética wagneriana, desde Fritz Lang a George Lucas, ha motivado a multitud de artistas en el ámbito del cine. Su técnica del leitmotiv ha sido recurrente en todos los géneros cinematográficos, desde la comedia a los dibujos animados, pasando por la ciencia ficción o el de terror. En este libro se analizan películas que van desde el primer biopic del compositor, “Wagner” (1913) –protagonizada por Giuseppe Becce, el «doble» de Wagner–, hasta films taquilleros y de acción como “Gladiator” (2000).



viernes, 6 de abril de 2018

Los estrenos en Sevilla de 06-04-2018



6 películas se estrenan el 6 de abril de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones españolas, una estadounidense, una francesa, una alemana y una japonesa. Esta semana se queda sin editar en Sevilla el documental estadounidense “Marea humana” (Ai Weiwei, 2018) que estuvo presente en la sección oficial del Festival de Venecia 2017 y “Mis Dalí” (Ventura Pons, 2018), basada en la biografía de la hermana pequeña del pintor Salvador Dalí. Echando en falta estas ausencias en nuestra cartelera, vamos con nuestro repaso semanal a los estrenos de esta semana en Sevilla.      


Campeones. (España, 2018). Dir. Javier Fesser.   
Comedia española interpretada por Javier Gutiérrez, Juan Margallo, Luisa Gavasa, Jesús Vidal y Daniel Freire.
El talento de Javier Fesser es solo comparable a su voluntad de riesgo, a su gusto por bailotear en el acantilado, y es más fácil verlo y disfrutarlo desde cierta distancia que compartir el mareo, la filigrana y las piruetas de vértigo y reflexión que su cine, aparentemente de «risa» y singularmente «serio», produce en cualquiera de las modalidades que lo ofrezca, en cortometrajes como «Bienvenidos» o «17 años juntos», en largometrajes como «El milagro de P. Tinto» o «Camino», y hasta en spot publicitarios tan originales como guasones.
Si el riesgo y la diversión son dos de las notas esenciales del cine de Fesser, en «Campeones» las reúne de un modo asombroso al irse a explorar con la indumentaria y utensilios de lo cómico en ese terreno resbaladizo, quebradizo y emocional de las discapacidades intelectuales: el hombre que mejor ha entendido y transfigurado el universo de Ibáñez, nos ofrece ahora su mirada divertida, humana, ácida y audaz de ese mundo en el que las limitaciones mentales y físicas suponen un aprendizaje, un sobresfuerzo y una relación con el entorno especial. El argumento se centra en un entrenador de baloncesto que por circunstancias deportivas (el arranque ya marca el tono cómico y dramático de la historia) ha de encargarse de un grupo de chavales con diversas discapacidades, y no excesivamente dotados para la práctica de ese deporte rápido y espectacular que es el baloncesto.
Lo que sí es rápido y espectacular es la capacidad de Fesser, o su película, de conectar todo con todo, entrenador, equipo, situaciones y estado de ánimo del espectador, y demostrar que, como siempre, lo sencillo y cercano es también lo más difícil de conseguir, y que las mezclas imposibles tienen un encanto especial. Un actor tan profesional como Javier Gutiérrez se tatúa con ese grupo de personas, no actores y dueños de sus propias limitaciones, y asume el riesgo de transformar la incomodidad o la tristeza en diversión. Hay también algo de Ibáñez en “Campeones” y mucha puntería al disparar en la diana de las auténticas discapacidades sociales. Recomendada.



Un sol interior. (Francia, 2017). Dir. Claire Denis.
Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) 2017.
Drama interpretado por Juliette Binoche, Gérard Depardieu, Valeria Bruni Tedeschi, Nicolas Duvauchelle, Josiane Balasko y Xavier Beauvois.
Juliette Binoche es la protagonista absoluta de «Un sol interior», de la veterana directora Claire Denis, que debutó con «Chocolat» dos años antes del chocolate más famoso que preparó la actriz con Johnny Depp. Casualidades del destino. Aquí la taza es más profunda y espesa. «Un sol interior» narra el drama de una mujer madura, artista separada, en busca del amor o en su defecto de algo de roce. La novela de Roland Barthès «Fragmentos de un discurso amoroso» marca la pauta.
Como tributo femenino a un tipo de personaje que el cine comercial desprecia, la cinta se merece un aplauso sonoro, aunque como espectáculo cinematográfico llegue a producir un tedio sordo. Falla al transmitir un estado de ánimo tan complejo, pese a contar con actriz tan luminosa. El guión no le quita ojo, pero tampoco termina de ponerle alma, en parte por lo errático de su comportamiento. «Ese es mi problema, nunca se sabe lo que pienso», llega a decir. Peor es el decepcionante catálogo de hombres, por más que el ser humano no aprenda ni con la edad a emparejarse. Depardieu aparece a los postres y es el mayor farsante de todos. No Recomendada.



Verano de una familia en Tokio. (Japón, 2017). Dir. Yôji Yamada.
Comedia japonesa, tercera secuela “Una familia en Tokyo”, interpretada por Satoshi Tsumabuki, Yû Aoi, Kazuko Yoshiyuki, Yui Natsukawa y Isao Hashizume.
El cine es tan apasionante que la amplia línea que separa una de las grandes películas familiares de Yasujiro Ozu de una de las malas de Pedro Lazaga es capaz de cruzarla un director japonés en apenas un lustro, y sin que algunos se den cuenta, invocadores impertinentes del espíritu del maestro japonés cuando el que grita por ahí es Paco Martínez Soria. Con toda seguridad Yoji Yamada no habrá visto “La ciudad no es para mí”, “Abuelo made in Spain” y “El abuelo tiene un plan”, pero casi 50 años después está haciendo películas de semejante corte y confección, aunque en idioma nipón. La última, “Verano de una familia de Tokio”, tercera entrega de las desventuras de una prole de idiotas de tres generaciones distintas, tras “Una familia de Tokio” (2013) y “Maravillosa familia de Tokio” (2016), de notable éxito en los cines españoles de versión original, y que ha provocado incluso un remake en China. "¿La cultura popular?", que cantaba Siniestro Total. No, la tontería global de toda la vida.
Lo que comenzó siendo una nueva versión de la intocable, deslumbrante e imperecedera “Cuentos de Tokio” (Ozu, 1953) ha acabado, dos películas después, con un anciano machista y faltón conduciendo por la ciudad junto a una especie de doble narrativa de Florinda Chico a la japonesa. Yamada, de 86 años y con casi cien películas a sus espaldas, ha compuesto una película de anciano decrépito, chistes rancios y situaciones alargadas, rodada a la ligera como una comedia de situación de canal televisivo de bajo coste, y en la que se presenta un país en el que cualquier personaje que se presente por la casa, ya sea un repartidor de comida rápida, un policía o un enfermero, no va mucho más allá del encefalograma plano.
Algo que tendría cierta gracia si el retrato llevara aparejado una crítica de algún tipo, un análisis certero del desvarío familiar, de las sempiternas luchas de poder y las rencillas en cualquier casa de vecinos, o, en fin, de la amarga vejez. Sin embargo, excepto un par de frases en la parte final del relato, cuando abandona por un momento el vodevil para acercarse al melodrama, “Verano de una familia de Tokio” es el escalón más bajo de una saga que comenzó aspirando a la quietud, el humanismo y la depuración estilística de Ozu y ha acabado soltando añejos improperios para las nueras.
Y no será la última, Yamada está en fase de posproducción de la cuarta entrega. No Recomendada.



Inmersión. (Alemania, 2017). Dir. Wim Wenders.
Película inaugural del Festival de San Sebastián 2017.
Película de intriga sobre terrorismo interpretada James McAvoy, Alicia Vikander, Alexander Siddig, Celyn Jones y Reda Kateb.
El score está compuesto por Fernando Velázquez.
Cuenta Wim Wenders que el problema es nuestra incapacidad para mirar adentro, para aceptar que la desilusión, la infelicidad tal vez, es más realista y hasta deseable que su opuesto. "Nos sentimos tan contentos con el espectáculo de la Tierra desde la Luna que nos negamos a mirar hacia dentro", dice. La última película del alemán es básicamente eso: un viaje a lo más hondo de sí mismo, allí donde habitan cada uno de los monstruos, ángeles y demonios que configuran la filmografía del director de “París, Texas”. No sería de recibo sorprenderse de lo pausado, quizá inmóvil, de cada uno de los movimientos de cámara, de sus conversaciones labradas en el vacío, de sus miradas intensas, de la quietud casi litúrgica de cada plano. Wenders no va a dejar de ser él aunque cuente con los carismas, los talentos y los cuerpos de James McAvoy y Alicia Vikander en el reparto. Él se limita a hundirse. Y con él, todos los demás.
Sobre el papel, justo es admitirlo, estamos ante la película más provocadoramente convencional del director en años. Él es espía y ella, oceanógrafa. Él tiene por misión acabar con el yihadismo y ella, dar con rastros de vida en lo más profundo del mar. Es decir, los dos se han marcado como objetivo ir hasta el fondo. Sobre este presupuesto, lo han adivinado, todo es metáfora, todo es hundirse. Y, así, la película discurre completamente ajena a las motivaciones, los deseos o las aventuras de sus personajes. “Inmersión” vive tan sólo pendiente de su rigor, de su extraño y pomposo empeño de abstracción. Y claro, agota. Tan adentro no hay aire. No Recomendada.


Juego de ladrones. El atraco perfecto. (USA, 2018). Dir. Christian Gudegast.
Película de acción, robos y atracos, interpretada por Gerard Butler, Pablo Schreiber, O'Shea Jackson Jr., Curtis '50 Cent' Jackson y Sonya Balmores.
El score está compuesto por Cliff Martinez.
La influencia de “Heat” en el cine mundial de los últimos 25 años es tan grande que ha llegado un momento en el que ciertos directores ni siquiera hacen el menor esfuerzo por enmascararlo. Van a por el estilo Michael Mann con la escuadra y el cartabón de la emulación, tanto en el fondo como en la forma, en lugar de dejarse atraer por un sentido del thriller de atracos que, partiendo de su base, intente alcanzar nuevos territorios. Y donde no hay nuevos caminos, todo es dirección prohibida, porque el modelo es para (casi) todos demasiado inalcanzable.
Christian Gudegast, hasta ahora guionista de dos extraños productos con apariencia de serie B pero plagados de estrellas —Diablo y Objetivo: Londres—, más dotados para el banal fuego de artificio que para la atmósfera de energía y desesperanza con la que Mann suele abastecer a sus thrillers, parece haber estudiado a fondo “Heat” para componer “Juego de ladrones. El atraco perfecto”. Ese retrato compacto del grupo de bandidos, solidario, fiel e incluso ético dentro de la ilegalidad. Esos criminales que gozan de lazos familiares, que llevan una vida de moral intachable, que provocan empatía, mientras el otro lado, el del grupo de policías, viene comandado por un borracho infiel con demasiados problemas personales y sociales.
Y también en su estilo. Con esas tomas aéreas, nocturnas, calmadas de la ciudad de Los Ángeles, con música envolvente y las luces de los automóviles como una forma de estética de la desolación entre la jungla de asfalto, tan propias de otra obra maestra de Mann: “Collateral”. Y, sin embargo, pese a sus toques de western urbano y a su metraje más allá de las dos horas, inflado hasta la hinchazón, nunca es Mann, nunca se llega a ese estado casi etéreo de su cine, a la profundidad de sus diálogos. Quizá Gudegast piense que con un tratamiento de sonido semejante en los tiroteos se roza el espectáculo. Pero no basta. Porque no es solo el ruido. Es el ruido y la furia. Y aquí no hay más que bisutería, y un cierto hastío. No Recomendada.



Resort Paraiso. (España, 2016). Dir. Enrique García.
Thriller andaluz interpretado por Nora Aguirre, Susana Almahano, Rafa Castillo-Romero y Virginia de Morata.
Tuvo su puesta de largo en la anterior edición del Festival de Cine Español de Málaga, dentro de la sección “Estrenos Especiales”, y ahora, por fin, llega a las salas comerciales “Resort Paraíso”, el segundo largometraje del malagueño Enrique García, quien sorprendiera gratamente hace unos años con “321 días en Míchigan”. De aquel drama carcelario salta García a la acción y el terror, manteniendo una constante: todo, 100x100 made in Málaga.
La habitación 738, la más lejana a la recepción del hotel Resort Paraíso, es la elegida por Pablo (Rafa Castillo) y Eva (Virginia de Morata) para esconderse tras perder su casa y trabajo. Pero, alojarse en un establecimiento cerrado durante la temporada invernal, puede convertirse en una pesadilla para este matrimonio en crisis, que tendrá que enfrentarse a un psicópata (Héctor Medina) para poder sobrevivir. Se trata de que el público «disfrute sufriendo», asegura García, quien cuenta con mucha sangre y acción a raudales para que mantener a los espectadores pegados a la butaca.
Rodada en Torremolinos, en plena Carihuela, y con algunas secuencias en Benaoján, la película es, sobre todo, una apuesta arriesgada: demostrar que en Málaga se puede rodar una película comercial con un presupuesto muy escaso. Veinticinco jornadas de continuo rodaje (exactamente las mismas que “321 días en Míchigan”), en las que luchaban por «ganar horas al día», además de la dificultad logística, provocaron que el cansancio fuese haciendo mella en los protagonistas. «Caídas, carreras, largas secuencias bajo el agua y mucho frío hicieron que el rodaje fuese duro en algunos momentos», reconoció De Morata. Y es que, como recordaba la actriz, más de uno sufrió algún percance que le dejó secuelas físicas. Sin embargo, la unión que surgió entre el equipo facilitó mucho el trabajo, «nos sentimos muy arropados y apoyados y eso fue fundamental» afirmaban.
La película es pionera en España en el uso de la neurociencia durante su proceso de creación, una tecnología que permite medir las respuestas emocionales del espectador durante su visionado utilizando una serie de sensores. En el caso de 'Resort Paraíso' la técnica de neuromárketing empleada ha mezclado un sistema alemán de análisis ocular –eye traking– con un método norteamericano de respuesta emocional, que sustituye el tradicional casco por un minimalista arco que rodea la cabeza con 14 sensores. A pesar  de todo ello, no nos arriesgamos a recomendarla. No Recomendada.