martes, 1 de agosto de 2017

¡Felices vacaciones!


Los colaborades del blog "Linterna Mágica" nos tomamos unos días de vacaciones, no sin antes desear a todos nuestros socios, amigos y seguidores un merecido descanso y un feliz verano.


 ¡Felices vacaciones. Nos vemos en septiembre!




viernes, 28 de julio de 2017

Los estrenos en Sevilla de 28-07-2017




6 películas se estrenan el 28 de julio 2017 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones son estadounidenses, dos españolas, una francesa y una australiana. Queda sin editar en Sevilla el largometraje argentino “El invierno” (Emiliano Torres, 2016), ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián 2016. Por otro lado, dos recomendaciones hay entre los estrenos de la semana.  

Tanna. (Australia, 2015). Dir. Bentley Dean y Martin Butler  .
Nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa 2016. En 1926 Flaherty estrenaba «Moana», su película polinesia, que sirvió para estrenar también un término nuevo para el cine: el de documental, por cortesía de John Grierson. Hoy la miramos con ternura, como la aún más bella «Tabú», que Flaherty empezó con Murnau; pero no aprobaría en un examen actual de la Academia Documental (si tal cosa existe), por insertar actores naturales en una ficción y hacerlo pasar como real. Pues un siglo después unos documentalistas australes han rodado su primera película ficticia haciendo algo muy parecido, como si la antropología poscolonial no llevara esos mismos cien años pensando en la mejor manera de no usurpar la voz de ese Otro perfecto que es el buen salvaje. Se anuncia como en un folleto de viajes, jugando la baza exótica: es la primera película rodada en la isla volcánica de Vanuatu, al Sur del Pacífico, y, atención, se basa en una historia real de una chica que se negó a entrar en un matrimonio arreglado por los viejos de la tribu. Pero, aparte de añadir una música newage que ni Enya la canturrearía mejor, resulta muy dudoso eso de insertar una fuga en pos del amor romántico de unos Romeo y Julieta con guirnaldas… en el seno de una cultura que habrían hecho mejor en contarnos directamente, ya que tienen «nativos» (la palabra es de Flaherty) que saben estar delante de una cámara con tanta naturalidad, casi, como el volcán que preside la isla (Herzog se moriria de envidia). Recomendada.
 
50 primaveras. (Francia, 2017). Dir. Blandine Lenoir.
Las puertas automáticas no reconocen la presencia de Aurore cuando se dispone a cruzarlas. Un gag visual recurrente que, al tiempo, funciona como metáfora de la invisibilidad de la mujer madura en el tejido social y, en especial, ante una mirada masculina definida por la aguda discapacidad de sólo procesar los cuerpos deseables. Segundo largometraje de Blandine Lenoir —que, en su carrera como actriz, atesora dos cimas del cine de la transgresión como “Carne” (1991) y “Solo contra todos” (1998) de Gaspar Noé, en la piel de la hija de un brutal carnicero racista e incestuoso—, “50 primaveras” parte de un material susceptible de caer en el cliché, pero tono, reparto e ingenio a la hora de definir algunas situaciones cómicas logran no sólo esquivar ese peligro, sino convertir el resultado final en una singularidad delicada, aguda y contagiosamente vitalista. Interpretada por Agnés Jaoui, esa actriz, dramaturga y directora con pinta de haberse escapado, años atrás, de una película de Jacques Rivette, Aurora es una mujer que alcanza la cincuentena separada de su pareja y asfixiada por un trabajo, que no tardará en abandonar, regido por los protocolos idiotas de un nuevo jefe. El inesperado reencuentro con un amor de juventud activará en ella el desafío de la reconquista y la insumisión ante el cambio de agenda vital que parecía imponerle la menopausia. Pese a que el reparto respalda bien a la protagonista, no cabe duda de que la película es, esencialmente, la Jaoui: su carisma, vulnerabilidad, energía, calidez y matizada insolencia. El hecho de que la actriz haya colaborado también en el guión invita a proponer algunos vínculos entre su trabajo como dramaturga y cineasta en colaboración con Jean-Pierre Bacri y algunas ingeniosas soluciones narrativas de “50 primaveras”: sin ir más lejos, el hecho de que Aurore reencuentre a su viejo amor de juventud mientras simula visitar un piso en venta parece remitir a las situaciones de partida de “On connaît la chanson” (1997), la meta-comedia musical que la pareja escribió para Alain Resnais. Un diálogo ininteligible mientras madre e hija se lavan los dientes, la cita romántica interrumpida por los tenores de un restaurante temático y la escena de la funcionaria acalorada que no termina nunca sus frases colocan el énfasis en el lenguaje, quizá porque “50 primaveras” no va de otra cosa que de un problema lingüístico: la rebelión contra el idioma de la obsolescencia (socialmente) programada. Recomendada.

Spider-Man: Homecoming. (USA, 2017). Dir. Jon Watts.
Quizá la mayor virtud de 'Spider-Man: Homecoming' sea su habilidad para entender que las películas de superhéroes son esencialmente para niños -el cine de los Coen no vende la misma cantidad de juguetes-. De hecho, esta nueva versión de Spider-Man no solo es para niños sino sobre niños. En otras palabras, se parece mucho más a los cómics que ninguna de las películas previas sobre el héroe. Encarnado por Tom Holland, Peter Parker aún no ha aprendido que un gran poder conlleva una gran responsabilidad; no tiene energía para sentir angustia existencial porque la gasta toda lidiando con el ajetreo hormonal propio de la adolescencia, y compaginando sus deberes como justiciero con problemas mundanos derivados de la vida de instituto. Está ansioso por convertirse en uno de los Vengadores, pero demuestra no estar preparado para esa responsabilidad. Mientras lo acompaña 'Homecoming' funciona, al menos durante su primera mitad, más como una comedia 'teen' que como espectáculo de acción, y en el proceso nos ofrece momentáneamente la promesa de que un cine de superhéroes distinto sí es posible. Es una pena que la búsqueda constante del gag prive a los personajes de capacidad para la empatía. Este Peter Parker es un chaval encantador, pero lo que le sucede no importa demasiado. No Recomendada.

Inside. (España, 2016). Dir. Miguel Ángel Vivas.
Es una regla del género de terror que, mientras más indefensa y vulnerable sea la víctima, mejor. Así que, tras haber visto películas con ciegos o paralíticos acosados en su propia casa, Jaume Balagueró, inspirándose en la francesa “Al interior” (2007), ha escrito un guion protagonizado por una mujer que ha enviudado recientemente, está punto de dar a luz, vive sola en su casa de una urbanización alejada y es sorda. Esto último sirve únicamente para dar algunos golpes de efecto sonoro. Por lo demás, se trata de un suspense con los recursos de estilo tradicionales y con desarrollo in crescendo inverosímil. En una Nochebuena lluviosa, la heroína es acosada por una mujer misteriosa que ha logrado colarse en su casa y que llega con un maletín médico. Los incidentes, poco relevantes en un principio, se van haciendo más y más violentos, más exagerados y extremos, poniendo a prueba la capacidad de supervivencia de la embarazada así como la credulidad del espectador. No Recomendada.
 
Diario de Greg: Carrereta y manta. (USA, 2017). Dir. David Bowers.
La cuarta película basada en la popular saga homónima de libros infantiles usa un viaje familiar por carretera como excusa para ofrecer una mezcla estrictamente rutinaria de 'slapstick' y sentimentalismo. Aunque incluye observaciones sobre el papel de la tecnología en las vidas de los niños, 'Carretera y manta' prefiere centrarse en encadenar chistes de fluidos corporales: en una escena Greg orina en una botella de plástico a la vista de todos, en otra una caca de cerdo enrarece la atmósfera del monovolumen familiar, en otra una vomitona impacta en la cara de un hombre. El problema fundamental de la película, en todo caso, no es tanto la vulgaridad de su humor como la apatía y la falta de sentido del ritmo con la que el director David Bowers lo maneja. No Recomendada.

Ligones. (España, 2017). Dir. José Texeira.
“Ligones” es una comedia fresca y actual que cuenta la historia de Javier, un peluquero y maquillador de 32 años; sus padres eran propietarios de una academia de peluquería y maquillaje. Él ha pasado toda su infancia rodeado de decenas de mujeres, desde que comenzó a dar sus primeros pasos hasta que decidió abrir su propia peluquería. Todos estos años de convivencia con el sexo femenino le ha servido para desarrollar la manera de entender a las mujeres, qué quieren, cómo lo piden... Ésta psicología adquirida la utiliza para seducir a cualquier chica en cualquier lugar. La película está protagonizada por Rubén Faura, Paula García Lara, Manuel Peñalva, Jano Sanvicente, Óscar Sinela y Salva Suay. ¿Comedia romántica de chiste fácil? No, por favor. No Recomendada.

viernes, 21 de julio de 2017

Los estrenos en Sevilla de 21-07-2017




9 películas se estrenan el 21 de julio 2017 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Tres producciones son estadounidenses, dos británicas, una alemana, una rumana, una israelí y una argentina. Ningún estreno “made in Spain” y se queda sin editar en Sevilla el documental turco sobre animales “Kedi (Gatos de Estambul)” (Ceyda Torun, 2016). En esta semana nos arrojamos y recomendamos dos estrenos.
 
Dunkerque. (USA, 2017). Dir. Christopher Nolan.
Hay tanto que contar de esta película que es preferible ir a sentirla directamente, no vaya a sobrevenir el fin del mundo. Christopher Nolan sumerge al espectador en la experiencia desoladora de la muerte. Se ha calculado que un corazón medio pierde un tercio de su volumen cuando echa el telón «Dunkerque», una historia simple contada con un alarde técnico asombroso, sobre todo por su invisibilidad. Es el truco final coronado por un mensaje positivo, de esperanza en nuestra especie. La historia avanza a diferentes velocidades, que sin embargo no despistan. Al cineasta británico le encanta fabricar cajas chinas, matrioshkas narrativas. Baraja las semanas, los días y las horas como un prestidigitador, pero sin la complejidad de los universos paralelos de «Interstellar», los sueños enroscados de «Origen» o la historia al revés de «Memento». El ardid le ayuda a cambiar el cuadro general de la guerra, de la que apenas deja esbozos, por el primer plano de quien aún no sabe si será un héroe o un cobarde. El personaje capital es un señor modesto (Mark Rylance), encarnación del valor anónimo, anhelante de salvar vidas pero indiferente a las medallas. Otro hallazgo es lo que no se muestra. No hay miembros despedazados, esvásticas ni banderas. La película es «antinazi», pero por estética inversa, extirpados la grandilocuencia y los discursos. Y si hay movimientos de masas, aparecen acobardadas; incluso recuerdan a los refugiados en sus pateras. Se hace apología del esfuerzo individual, del triunfo de otro tipo de voluntad. Nolan debe más al Spielberg de «El diablo sobre ruedas», con un enemigo sin rostro, que al soldado Ryan. La estética de la violencia es sustituida por la del miedo, más profunda. No menos importante es la textura que proporciona el pincel de otro maestro, Hoyte Van Hoytema, un genio de la cámara. Hans Zimmer compone una banda sonora soberbia, abrumadora con sus sonidos de muerte, aunque algo obvia en sus pasajes épicos. Puede que el mayor milagro haya sido rodar, a estas alturas, una película bélica distinta a todas las anteriores y a la filmografía propia, sin perder el sello de una caligrafía magistral. El estilo está al servicio de una idea, no de una ideología, sin odio ni altanería, con piedad por los que sufren. Hay respeto por el oficio de soldado, por la carne de cañón. Hay también sangre, sudor y lágrimas, pero no se banalizan derramándolos por la pantalla, donde sí rezuman los medios, la ambición y el talento de un director que evoluciona y supera su reto: proporcionar una experiencia única, algo que el espectador no puede (ni debe, por su bien) vivir fuera de una sala de cine. Recomendada.
 
Sieranevada. (Rumanía, 2016). Dir. Cristi Puiu.
Presentada en la sección oficial del Festival de Cannes 2016. Ganadora del Premio a Mejor Película en el Festival Internacional de Chicago. Proyectada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF´2016). Quizá el angosto recibidor de un piso de clase media en Bucarest sea el mirador más privilegiado para contemplar el mundo entero. Y diagnosticarlo. O a esa conclusión ha llegado el rumano Cristi Puiu -que se reveló con “La muerte del señor Lazarescu” (2005)- en su monumental último trabajo, “Sieranevada”, una comedia dramática coral que dedica buena parte de sus casi tres horas de metraje a abandonar al espectador en medio de esa claustrofóbica zona de paso: una ubicación abierta a una serie de habitaciones que parecen bullir de actividad durante la celebración del memorial por la muerte reciente del cuestionado patriarca de la familia, pero, al mismo tiempo, precario palco desde el que asistir a un agresivo recital de música concreta -contundentes portazos, crispaciones sociales, seísmos emocionales, ocultaciones-, y, a partir de ahí, construir sentido, como el ser humano en un universo cada vez más indescifrable. Aunque el demiurgo -Cristi Puiu- no haya facilitado manual de instrucciones. Transmitir la esquiva naturaleza de una película tan ambiciosa y radical como esta no es tarea fácil. Con todo, mucho más difícil tiene que haber sido construir una maravilla como esta: ¿cómo puede escribirse un guion para una película así, en la que todo parece estar sucediendo sin estar pautado, sin haber sido construido? ¿Cómo se rueda algo semejante, con esa coreografía invisible de cuerpos tensos buscando un hueco en una domesticidad que parece hacerse más opresiva a cada minuto, con cada nueva presencia? “Sieranevada” es un trabajo que enfrenta el espectador con la más estimulante y descarnada especificidad del cine como lenguaje: con la aparente aleatoriedad ¿posaltmaniana? de sus largos planos desplazándose de un centro de atención a otro, con su lograda ilusión de tiempo real pese a la puntual inelegancia de algunos de sus cortes de plano, la película de Puiu es muy difícil de imaginar bajo otra forma, como, por ejemplo, novela o montaje teatral. Una enervante discusión conyugal sobre disfraces de princesas Disney abre la espita del recital de incomodidades de este trabajo virtuoso que, sí, indaga en el estado de la cuestión rumana –con los ecos de Ceaucescu, la fobia a los gitanos, la religión- para elevarse a diagnóstico universal de un presente de individualidades sin referentes, abandonadas al consuelo de las versiones oficiales de los hechos o al estímulo de la paranoia y a las que quizá sólo les quede la risa patética como única respuesta. Recomendada.

 Asuntos de familia. (Israel, 2016). Dir. Maha Haj.
Conquistar la universalidad desde el localismo es uno de los triunfos del cine del humanismo. Como el de Maha Haj, sugestiva debutante en la dirección, hasta ahora directora artística de películas de Elia Suleiman (The time that remains) y Ziad Doueiri (El atentado), que con “Asuntos de familia” logra extenderse hacia afuera y hacerse entender desde dentro, con un drama de apuntes cómicos que, con apariencia de leve, se hace fuerte en la sutileza y la caricia, pero también en la incomprensión y el egoísmo. Los de una familia palestina de Israel que ha crecido en Nazaret, pero que en diversas generaciones se extiende hasta Suecia y que, a pesar de la lejanía, (casi) podría ser la nuestra. De lo remoto a lo global, o el ser humano como repetidor de semejantes formas dramáticas de fastidio mutuo, aquí comandadas por el desencuentro de un matrimonio de jubilados al borde de la ancianidad, que ya apenas se dirige la palabra ni la mirada, hundido en una incomprensión mutua descorazonadora y desgraciadamente clásica, capaz de montar una batalla a cada paso de cotidianidad, con la mujer aguantando siempre un par de puñaladas por la espalda más que el hombre. A través de planos fijos y sin banda sonora, Haj despliega un envidiable gusto para el encuadre, componiendo secuencias de incomunicación generacional e intergeneracional de gran finura, en las que, de un modo siempre inesperado, saltan chispas de notable humor negro. Con la señera “Cuentos de Tokio” (Yasujiro Ozu, 1953) como referente ineludible, “Asuntos de familia” parece, en su primera mitad, dejar de lado el sempiterno conflicto político de la zona, al menos en los textos, en favor de un simbolismo carcelario de todos modos muy palpable. Sin embargo, en su último tercio, esa prisión en forma de representación alegórica se hace carne física, cuando sus protagonistas pretenden moverse en libertad por una zona llena de fronteras: políticas, sociales, culturales, familiares. "El tiempo pasa rápido cuando no estás solo", dice una de sus jóvenes protagonistas en un momento del relato, como un lema solidario que, en cambio, no acaba de confirmarse en el devenir de los que la rodean. Quizá porque Haj, guionista además de directora, sabe que los consejos universales tampoco existen. Y que la familia puede ser muchas veces una magnífica tabla de salvación, pero también un infalible método de ahogamiento. Recomendada (con reservas).

Una noche fuera de control. (USA, 2017). Dir. Lucia Aniello.
Comedia de aspecto sinvergüenza que, sin embargo, lo único que hace es retomar el lenguaje, la actitud y el tono donde lo dejaron Berg (Very Bad Things) y los Farrelly (Algo pasa con Mary), para plantarlo en una comedia protagonizada por mujeres. Chicas comportándose en una despedida de soltera como siempre se exhibió que lo hacían los chicos. El que espere de “Una noche fuera de control” una nueva “La boda de mi mejor amiga”, ésta sí, novedosa, descacharrante y brillante en su comicidad y en su asalto social, está muy equivocado. De hecho, Lucia Aniello, coguionista y directora de “Una noche fuera de control”, bien haría en pagar a Berg una cantidad de dinero en concepto de derechos de autor, pues roba a “Very Bad Things” tanto su esencia argumental ―un mortal accidente relacionado con una de las actividades sexuales de la celebración―, como incluso la forma en el que este se desarrolla. Poca imaginación. No Recomendada.
 
A 47 metros (Reino Unido, 2017). Dir. Johannes Roberts.
El título alude a la profundidad en la que quedan atrapadas las dos jovencitas de la película, pero los metros es lo de menos si se mira la cantidad de tiburones que caben en ese espacio. No hay novedades con las leyes del subgénero, y el guion se limita a procurar que usted pase tanta angustia como ellas: la bombona del aire se acaba, los escualos crecen, la torpeza inevitable en estos casos (todo se les cae, todo les sale mal…). La historia procura una novedad con respecto a otros films de tiburones, y es que aquí no son listos como Hannibal Lecter, ni vengativos, ni estrategas como aquel de Spielberg o de Collet Serra en «Infierno Azul», que parecían salidos de un máster en Harvard. Son simplemente tiburones con hambre, lo cual tampoco tranquiliza. El director, Johannes Roberts, no se plantea más conflicto que el de la supervivencia, y no saca la acción del fondo del mar y del miedo a la dentellada: la película no da para más reflexiones que la de lo tonto que es el ser humano en su relajo vacacional (que igual se tira por la terraza del hotel que se bebe el «cóctel de la casa»). Y en eso está lo oportuno de esta película de género y estación: conviene verle la dentadura a un tiburón antes de irse al mar a hacer el merluzo. No Recomendada.


Siete deseos. (USA, 2017). Dir. John R. Leonetti.
Clare Shannon es la típica adolescente de 17 años: sobrevive al instituto como puede, intenta ser popular y se preocupa mucho por lo que los demás piensan de ella. Todo normal hasta que un buen día su padre le regala una caja de música con una inscripción muy peculiar, dado que pone que está creada para conceder los deseos de su dueño. Clare no tiene nada que perder, así que comienza a pedir deseos que mágicamente se van cumpliendo uno a uno. Comienza a tener dinero, fama y amor, pero empezará a darse cuenta de que todo esto tiene un precio. Todas las personas de su alrededor empiezan a morir de forma espantosa por lo que tendrá que deshacerse de la caja lo más rápidamente para salvar la vida de sus seres queridos. Está cinta de terror fantástico está protagonizada por Joey King y dirigida por John R. Leonetti. La cinta tiene chispazos de alegre desparpajo en el devenir de su trama, pero no sortea demasiado bien los vericuetos de un tipo de cine más bien olvidadizo: los esquejes de comedia de instituto, la insipidez de su protagonista, las constantes sumas de dos y dos… Rescatemos si acaso el final, que no por anunciado deja de tener su gracia, rehúye la complacencia y se carcajea a gusto de sus propias memeces –combinadas con fogonazos de mala leche– esbozadas a trompicones durante el metraje. Quien no se conforma… No Recomendada.



Inseparables. (Argentina, 2016). Dir. Marcos Carnevale.
Versión argentina casi exacta del filme francés “Intocable” (Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011). Antes el cine de Hollywood volvía a rodar películas poco vistas por allí, para aprovecharse de su éxito y llevarlas al gran público. Ahora todo el mundo copia a todo el mundo y cada vez con más rapidez, ya sea legalmente, como aquí, o con adaptaciones más o menos encubiertas ahorrándose el pago de derechos. Oda al público medio ―simpatía un tanto forzada, drama sin explicitudes, leves apuntes sociales―, “Intocable” es quizá el más genuino representante del cine popular del nuevo milenio. Y Carnevale, consciente de su categoría de reloj preciso en ese terreno, ha decidido tocar muy poco. “Inseparables” se adapta bien a la sociedad argentina, y a su favor tiene un gran dúo de intérpretes. François Cluzet, la sutileza, y Omar Sy, el desborde, estaban perfectos. Óscar Martínez y Rodrigo de la Serna son iguales de buenos (o mejores aún). Sin embargo, también tiene aspectos en contra: una música funkie espantosa que no encaja ni en tono ni en tempo cinematográfico, y unos juegos de montaje un tanto chabacanos en las transiciones. Lo demás es (casi) todo igual. Los fanáticos de “Intocable”, ya saben. El resto, también. No Recomendada.

El último virrey de la India. (Reino Unido, 2017). Dir. Gurinder Chadha.
Para Gurinder Chadha, directora de “Quiero ser como Beckham” (2002), la llegada de Lord Mountbatten a Nueva Delhi para gestionar el proceso de independencia de la India tras el dominio colonial no es solo un hecho histórico, sino el contexto de un doloroso episodio de la memoria familiar que se hace explícito en los créditos finales. “El último virrey de la India” intenta conciliar ese doble percepción de la Historia –la objetiva y la personal-, pero lo resuelve con la palmaria torpeza de machihembrar una recreación didáctica del proceso, atravesada de una contradictoria nostalgia imperialista, con los modos de un melodrama sobre el tema de los amantes separados por irreconciliables diferencias de origen: aquí, un hindú y una musulmana ejercen de declinación funcional de Romeo y Julieta sobre un paisaje que es el germen de heridas que siguen sangrando en el presente. Un fetichismo colonial con el membrete de exquisitez de una megaproducción de la BBC –cada pieza de cubertería parece elegida con la obsesiva precisión de un comisario de museo- envuelve, pero no camufla, las ingenuidades de una simplificación del juego de tensiones a través de las voces de la servidumbre y el desaforado sentimentalismo de un clímax que confunde intensidad con aspaviento. Levantada sobre una paradoja ideológica esencial, “El último virrey de la India” ofrece un generoso material para psicoanalizar la herencia de amor/odio que el Imperio británico dejó en la psique de una cineasta procedente de una familia golpeada por la cesión de territorio indio a Pakistán. No Recomendada.
 
Mara y el Señor del Fuego. (Alemania, 2015). Dir. Tommy Krappweis. 
Película que narra la historia de Mara Lorbeer, una joven de quince años que descubrirá que tiene poderes extraordinarios, pudiendo incluso viajar en el tiempo. Mara se sentirá desubicada ante tal revelación, pero un profesor suyo le ayudará a conocer el origen de tales poderes mágicos. Mientras tanto, ambos tendrán que intentar salvar al mundo del malvado dios nórdico, Loki, y conseguir derrotar al mal antes de que sea demasiado tarde. Mitología nórdica, fantasía y acción se juntan en esta película basada en las novelas juveniles escritas por Tommy Krappweis. El film está dirigido por el escritor Tommy Krappweis, quien firma el guion junto a Sebastian B. Voss, y protagonizado por Lilian Prent, Jan Josef Liefers, Esther Schweins, Christoph Maria Herbst, y Eva Habermann. Cine familiar para estas fechas que llega dos años después de su producción a la cartelera española. No Recomendada.

viernes, 14 de julio de 2017

Ls estrenos en Sevilla de 14-07-2017



5 películas se estrenan el 14 de julio 2017 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones son estadounidenses, una británica, una alemana y una serbia. Lamentamos que no se haya estrenado en Sevilla la película búlgara “Un mundo de gloria (Glory)” (Kristina Grozeva y Petar Valchanov, 2016), que se llevó el Premio a Mejor Película en el Festival de Gijón 2016 y el Premio a Mejor Film Internacional en el Festival de Edimburgo 2017. Pero ya sabemos que los estrenos en Sevilla no dependen de la calidad de los filmes sino del potencial comercial de los mismos, ya que al fin y al cabo, éste es el negocio de los exhibidores. Solo una recomendación esta semana. Y mucho es….


La Guerra del planeta de los simios. (USA, 2017). Dir. Matt Reeves.
A pesar del triunfo, este mismo año, de “Kong: La isla calavera”, superproducción ligera, aguerrida y efervescente, de soberbia orientación del ritmo y refrescante sentido del humor autoparódico, la última década del cine mundial ha quedado marcada por los blockbusters sombríos con enormes, seguramente demasiadas, ansias de trascendencia, donde la grandilocuencia no sólo asomaba la pezuña sino que además acababa, en sobrados casos, por resquebrajar el producto con su zarpa metida a destiempo. El control entre lo que se está contando y cómo se está contando no pocas veces resulta clave en tiempos de impostura dramática y angustia juvenil, y justo por eso es tan admirable lo que ha conseguido Matt Reeves con “La guerra del planeta de los simios”, tercera entrega del excelente renacimiento de la saga original de los años sesenta y setenta, intensa película bélica (no de acción, aún menos de aventuras, aunque tenga ciertos elementos de ambos géneros), que se impone desde la gravedad sin caer en la pomposidad. Hay énfasis, y mucho, pero, salvo algunos destellos en los que la constante música de Michael Giacchino goza de desmesurada presencia, guiando al espectador de la mano hacia una emoción un tanto cargante, la película de Reeves es un prodigio de la técnica y una notable narración de guerra. Novedoso en el tono (ni es John McTiernan ni George Lucas, por un extremo; y aún menos Christopher Nolan, por el otro), el relato sería impensable sin el espectacular avance tecnológico de la “motion capture”, las imágenes generadas digitalmente a partir del movimiento y la extraordinaria expresividad de sus intérpretes. Porque aquí, al ya experimentado Andy Serkis se une la memorable actuación de Steve Zahn, con un personaje que es un cañón: un maravilloso náufrago clásico, heredero del Ben Gunn de “La isla del tesoro” y del Viernes de “Robinson Crusoe”. Y el hecho de que uno de los grandes subtextos de la película, escondido tras la salvaje actitud de los seres humanos, sea la construcción de un gran muro, acaba por modular una película de impecable factura, arriesgada gama dramática, teniendo en cuenta sus ambiciones comerciales, e incuestionable mensaje político. Recomendada.


Su mejor historia. (Reino Unido, 2016). Dir. Lone Scherfig.
“Su mejor historia (Their Finest)”, última obra de la realizadora danesa Lone Scherfig, toma en su título original parte de la célebre frase «This was their finest hour», pronunciada por Winston Churchill dentro del discurso a la Cámara de los Comunes del Parlamento británico el 18 de junio de 1940. El carácter propagandístico de aquellas palabras buscaba ensalzar la moral del país en tiempos de guerra. La película que nos ocupa retoma el contexto de un Londres asediado por los bombardeos constantes de la Segunda guerra mundial para simbolizar, a través del cine, un excelente retrato de la sociedad de la época, y, sobre todo, curiosear en los mecanismos de ficción otorgándoles una voluntad transformadora. Un ejercicio de sofisticación a medio camino entre las comedias de la Ealing y la elegante poética visual de Michael Powell y Emeric Pressburger... Además el sentido quimérico, de escapismo, se plasma en la mente de Catrin, soñando con fotogramas imaginarios, dejando campar a riendas sueltas la fantasía medular de proyectar todo aquello que queramos. La imagen ilusoria es absorbida por una fuerza ilusionante. Recomendada (con reservas).


Cars 3. (USA, 2017). Dir. Brian Fee.
En el seno de una cultura empeñada en dejar de tratar al espectador como tal para transformarlo en cliente (de una obra, pero también de su red de productos derivados), resulta inevitable que se vayan abandonado viejas costumbres como la de entrar en una sala de cine con el ánimo abierto a toda posibilidad de descubrimiento. El proceso también tiene sus contrapartidas problemáticas para quienes han establecido las reglas del juego: sí, la figura del cliente suele ser más rentable que la del mero espectador, pero el cliente es, también, aquel que, en un momento dado, pide el libro de reclamaciones. Y, también, aquel que siempre tiene razón, aunque no la tenga. Y buena parte de la clientela habitual de Pixar pidió simbólicamente el libro de reclamaciones ante las sucesivas entregas de la saga Cars, porque el hábito consumidor les había hecho asociar la marca a ambición conceptual y leve claroscuro adulto y resultaba que las aventuras de Rayo McQueen eran una propuesta infantil sin coartadas (y sin alicientes para el adulto medio, a no ser que tuviera una sensibilidad receptiva a los logros animados y una sólida nostalgia como jugador del Scalextric). El cliente, como tantas otras veces, no tenía exactamente la razón: Pixar era una marca que no debería haber sido asociada a su target, sino a la excelencia de su arte de síntesis y, en ese sentido, tanto “Cars” (2007) como “Cars 2” (2011) no solo cumplían con creces (en la expresividad de los ojos / parabrisas, en la flexibilidad de las superficies cromadas, en las afortunadas caracterizaciones de personajes), sino que se tomaban el esfuerzo de dialogar, de manera harto ingeniosa, con los sucesivos –e insospechados- referentes genéricos del western sedentario y la aventura bondiana. “Cars 3” no ofrece exactamente lo que esos clientes que reclamaron exigirían de una producción Pixar, sino que es, realmente, algo mucho más perverso: la reproducción exacta de la idea que esos detractores tenían de las dos primeras entregas. Es decir, la película rutinaria, mecánica y confiada al piloto automático que no fueron “Cars” y “Cars 2”. Debut en la dirección del diseñador de storyboards Brian Fee, “Cars 3” satiriza levemente la cultura corporativa y motivacional, entona su lamento nostálgico ante la subordinación a la tecnología y echa un capote de agenda a la visibilidad femenina con la misma convicción de quien conduce su utilitario a unas vacaciones en casa de los suegros. No Recomendada.


En la Vía láctea. (Serbia, 2016). Dir. Emir Kusturica.
El estilo propio poco tiene que ver con el regodeo en la sistemática personal. Ese instante en el que se debilitan de tal modo las virtudes, el universo individual, lo que tiene el cine de misteriosamente único, para dar paso a un recorrido huidizo, una salida por la calle de en medio en forma de autocopia. No son pocos los directores que han caído en la tentación, sobre todo los que siempre habían poseído una meridiana tendencia hacia el lirismo y una peligrosa costumbre por lo hiperbólico. Y aún más lo que habían entrado previamente en un bache creativo del que es complicado salir. El serbio Emir Kusturica, otrora pope del cine europeo, cumplía las dos vertientes, la grandilocuencia y la crisis, y así le ha salido “En la Vía láctea”: otra desteñida fotocopia de su mejor cine, la segunda tras aquella discretísima “Prométeme”, de 2007. Tras una década sin filmar una película de ficción, el abigarrado y, puntualmente, genial cineasta serbio regresa a sus bandas de música errantes y a sus explosiones de animalidad, de violencia lírica y de negro sentido del humor, a sus cabras y a sus guerras, a sus matrimonios de conveniencia, a su cine. Los elementos, aunque expuestos en un tono más cálido, son los habituales, pero Kusturica ya no es el mismo: aquel ganador en Cannes con “Underground” (1995); aquel rabioso practicante del esperpento mugriento de “Gato negro, gato blanco” (1998), durante años en sesión golfa de un cine madrileño. En su nueva historia, quizá más romántica, todo es tan Kusturica que hasta el propio Kusturica se ha colocado de actor protagonista, sin caer en la cuenta de que no posee la más mínima expresividad. Todo es tan Kusturica que su hija Dunja ejerce de coguionista, y su hijo Stribor, de autor de la banda sonora, apenas un destilado del gran Goran Bregovic de “El tiempo de los gitanos”, “El sueño de Arizona” y “Underground”. Si, por edad o por despiste cinéfilo, no se ha visto una sola película del serbio, su libertad narrativa, sus diseños industriales y hasta su desparrame de sensaciones incluso puede sorprender (o también cargar), pero difícilmente el experimentado espectador de Kusturica puede caer en la artimaña que es “En la Vía láctea”. No Recomendada.


Cita a ciegas con la vida. (Alemania, 2017). Dir. Marc Rothemund.
No tenemos ningún motivo para dudar de la autenticidad de la emocionante historia de superación personal del alemán de origen cingalés Saliya Kahawatte que inspira esta película: un tipo que, siendo técnicamente ciego, consiguió engañar a sus profesores y sus compañeros de un curso de alta hostelería, e incluso a su propia novia, haciéndoles creer que veía perfectamente y llevaba una vida normal. El problema es que, tal y como la cuenta Marc Rothemund, no hay modo de creerse absolutamente nada: por lo que se ve en pantalla, a menos que todos los que le rodeaban fueran cretinos integrales, es imposible que nadie se diera cuenta de nada. Y que los pocos que lo hicieron se volcaran en ayudarle incondicionalmente, sin ponerle una sola traba, entra directamente en el territorio de la ciencia ficción... aunque según Summers “To er mundo é güeno”, la vida no es así. Se supone que el filme, planteado en tono de comedia, debería provocar un buen rollo colectivo pero, siendo como es más falso que un duro de dos caras, se queda muy lejos. Que al frente de la película esté Marc Rothemund, director que hace poco más de una década se dio a conocer internacionalmente con la, esta sí, inspiradora “Sophie Schöll”, el relato del grupo de la Rosa Blanca, los jóvenes universitarios alemanes que se atrevieron a enfrentarse al nazismo desde la resistencia no violenta, no hace más que aumentar la desazón. Desde entonces, Rothemund no es que haya pasado de los grandes temas a los pequeños, pues esa divergencia, de por sí, no existe, ya que siempre dependerá del tratamiento. Pero sí ha transitado desde las aspiraciones de profundidad a un descorazonador gato por liebre tan contemporáneo como el marketing personal. No Recomendada.