viernes, 12 de enero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 12-01-2018



6 películas se estrenan el 12 de enero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones británicas, una estadounidense, una polaca, una francesa y una española. De los 6 estrenos, dos son de animación. Quedan sin editar en nuestra ciudad la comedia de intriga “Call TV” (Norberto Ramos del Val, 2017) y el interesante thriller de cine independiente “Most Beautiful Island” (Ana Asensio, 2017). Este es nuestro repaso semanal a los estrenos en Sevilla.      


Tres anuncios en las afueras. (USA, 2017). Dir. Martin McDonagh.   
Thriller mezclado con comedia negra, interpretado por Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell y Lucas Hedges. 
El score lo compone Carter Burwell.
Ganadora del premio al Mejor Guión en el Festival de Venecia 2017. 4 nominaciones a los Globo de Oro (incluida Mejor Película Drama).
La protagonista es Frances McDormand, esposa de Joel Coen, y el ambiente puede recordar a los directores de 'No es país para viejos', pero estamos lejos del cine de los hermanos Coen. Es en otro territorio, incluso algo más salvaje, el del cineasta, guionista y dramaturgo anglo-irlandés Martin McDonagh, quien ahora vira hacia el medio oeste estadounidense después de haber ambientado sus películas anteriores en Bélgica ('Escondidos en Brujas') o en California ('Siete psicópatas').
Viraje consecuente porque 'Tres anuncios en las afueras' no podría pasar en otro lugar que no fuera esa pequeña localidad de Misuri llamada Ebbing, una ciudad en esencia apacible aunque esté habitada por policías borrachos, mujeres racistas y se haya producido la violación y asesinato de una muchacha. McDormand encarna a la madre de la chica. Ante la inoperancia de la policía local, incapaz de encontrar alguna pista sobre el asesino, la madre decide anunciar su ira y descontento en tres vallas publicitarias consecutivas colocadas en la entrada de la ciudad.
Letras negras sobre intenso fondo rojo. Se ven desde cualquier parte. Y alteran el orden de Ebbing. Lo mejor del filme reside en que es un brillante texto de dramaturgo volcado en imágenes con gran personalidad. McDonagh podía ser antes un símil más bárbaro de Guy Ritchie y tener algo de los Coen. Ahora posee una voz cinematográfica propia y singular.
El filme cuenta con varios personajes de interés. Siendo el de McDormand el medular, no le van a la zaga los que encarnan Sam Rockwell y Woody Harrelson, un agente de policía inepto y un sheriff sobre el que recaen no menos de dos giros interesantes de guión. Y si hay tres vallas publicitarias en las afueras, hay también tres cartas, las que escribe desde el sheriff, enfermo de cáncer, una para su esposa, otra para la madre y otra para el agente. En estas tres cartas se concentran los requiebros de un filme que, además, sabe oscilar entre tonos y tendencias -drama rural, 'thriller', comedia negra- con talento. Recomendada.



El instante más oscuro. (USA, 2017). Dir. Joe Wright.
Drama ambientado en 1940, interpretado por Gary Oldman, Ben Mendelsohn, Kristin Scott Thomas y Lily James
Nominada al Globo de Oro 2017 a Mejor Actor Drama (Gary Oldman).
El score lo compone Dario Marianelli.
Gary Oldman es uno de los actores mejor dotados del mundo para hacer de villano, pues hay algo en su cara, en su expresión, en su fondo de ojos fríos y chiquitos que te aconsejan cruzarte de acera, o mejor, irte de la ciudad. En esta película, conquistada de norte a sur y de este a oeste por la interpretación de Gary Oldman, no busquen ni esa expresión ni ese fondo de ojos, no busquen tampoco su cara, porque no está: ha desaparecido en el interior de su personaje, Winston Churchill, al que también le hace desaparecer, en cierto modo, todos sus clichés, salvo el puro y un poco su proverbial estilete. Muestra de él los temblores de su mano firme, la inseguridad de quien está convencido.
Hace unos meses era Brian Cox quien encarnaba a Churchill en la película de Jonathan Teplitzky, y ahora es el director Joe Wright, tan buen exprimidor del «zumo britis» en títulos como «Orgullo y prejuicio» o «Expiación», el que se enfrenta a la personalidad del político y propone de él un retrato distinto pero también oficial: las dudas y la firmeza del hombre que se negó a firmar la paz-rendición que le ofrecía Hitler. La película lo retrata en su vida familiar, junto a su esposa Clementine (Kristin Scott Thomas), pero casi desde el punto de vista de su secretaria Elizabet Layton (Lily James) y con su gran habano apuntando a los hechos históricos que le tocaría resolver: buenas y jugosas escenas en el Parlamento británico, su relación tensa con Chamberlain y el Rey Jorge VI, algunas de esas frases rotundas y dramáticas, incluso una secuencia algo subida de tono melodramático y ardor patriótico en el Metro londinense. Pero, ya lo decía el hombre que mató a Liberty Valance, «cuando la leyenda se convierte en realidad, hay que publicar la leyenda».
Tanto el trabajo de Oldman como el del director Wright es espléndido en cuanto a la puesta en escena, del personaje y de la historia, la cual, por cierto, sirve de contraplano de la película «Dunkerque», de Christopher Nolan: una en lo bélico y otra en los manejos de la política tratan de ese capítulo esencial de la Segunda Guerra Mundial. Por lo demás, ahora, ver a políticos que no están completamente majaretas es tranquilizador. Recomendada.



Loving Vincent. (Polonia, 2017). Dir. Dorota Kobiela y Hugh Welchman.
Nominada al Globo de Oro a Mejor Película de Animación.
Primer largometraje compuesto por pinturas animadas, "Loving Vincent" es un film homenaje a Van Gogh en el que cada fotograma es un cuadro pintado sobre óleo, tal y como el propio Vincent lo hubiera pintado.
El pionero Winsor McCay ya intuyó que la animación siempre iba a tener algo de esfuerzo épico: 4.000 dibujos a mano le permitieron ganar la apuesta con su colega George MacManus de que sería capaz de dotar de vida y movimiento a los personajes de su serie de historietas “Little Nemo in Slumberland”. Más adelante, 10.000 dibujos le hicieron ganar otra apuesta: la de resucitar a una criatura antediluviana en “Gertie, the Dinosaur (1914)”, película que, de paso, sentó las bases de la animación basada en la caracterización de personajes. Pensadas originalmente para su exhibición en los espectáculos en directo que daba el propio artista, las dos películas incorporaron sus respectivos prólogos para su exhibición autónoma en salas, en los que se dramatizaba la apuesta, colocando cierto énfasis cómico en los hiperbólicos toneles de tinta y las aparatosas resmas de papel empleadas en la ejecución de la obra.
La revolución digital, a través de su simplificación del proceso de producción, ha hecho posible que el cine animado viva una edad de oro de alta productividad y diversidad estética, pero le ha restado épica al asunto. La polaca Dorota Kobiela y el británico Hugh Welchman parecen haber encontrado un lugar único para restituir ese factor épico de la animación en “Loving Vincent”, la primera película… ¡pintada al óleo! 65.000 cuadros elaborados por 125 pintores de formación académica, pero sin experiencia en la animación, han hecho posible este milagro que logra esquivar el alto riesgo de caer en el kitsch en su intento de mimetizar y poner el movimiento el trazo de Van Gogh. Pese a recurrir a esa técnica de la rotoscopia –rodaje con actores de carne y hueso para servir de base al resultado final- que la ortodoxia de la animación suele considerar un atajo, Loving Vincent se impone con la fuerza de una imposibilidad hábilmente materializada.
La película adopta, al modo de “Ciudadano Kane” (1941), la forma de una investigación post-mortem cuyos tesoros en el centro del laberinto son el asombro del artista ante la belleza cotidiana del mundo y el sacrificio existencial del hermano Theo para la protección de un genio malogrado. La meticulosa construcción de todo un universo a través de la cita pictórica y la lucidez a la hora de interpretar la potencialidad de movimiento y de variación de ángulos en la pintura de Van Gogh se convierten en las mayores fortalezas de un trabajo titánico. Recomendada.



Thi Mai, rumbo a Vietnam. (España, 2018). Dir. Patricia Ferreira.
Comedia dramática interpretada por Carmen Machi, Adriana Ozores, Aitana Sánchez-Gijón, Dani Rovira y Luis Bermejo.
Rara vez aludimos a esos aspectos, en principio tan colaterales que no tienen cabida en los textos, pero la crítica de cine también puede incluir el comentario más o menos somero de los materiales elegidos para la venta del producto. Y en este caso parece obligado, aunque casi más como aviso a navegantes que como apreciación en sí. De modo que solucionémoslo en el primer párrafo, porque es, con diferencia, lo peor de la película: “Thi Mai, rumbo a Vietnam”, quinto largometraje de ficción de Patricia Ferreira, es bastante mejor que ese horrendo póster, en cuestión de diseño, fotografía, composición, colores, tipografías e incluso tono, y que ese espantable título que, aunque vista la historia pueda tener su poder simbólico, antes de ella parece pergeñado para huir en busca de otro entretenimiento.
Y la alusión al tono viene dada porque lo que desprende ese cartel es aroma a comedia desarbolada y dicharachera, cuando en realidad estamos ante una comedia dramática de libro —que no comedia negra, pues la risa y el llanto se suceden alternativamente en cada secuencia, y nunca en conjunción—, con afanes de cierta trascendencia sobre temas mayúsculos en la sociedad española contemporánea: la degradación de la mujer, la rebelión de opresión machista, el surgimiento de las familias monoparentales, las dificultades para la adopción en el extranjero, la muerte de una hija y su duelo, el papel de los abuelos como salvación de un modo de vida ante la imposible conciliación, las jubilaciones no ya anticipadas sino mortalmente precoces, y la dictadura de la juventud.
Con personajes muy reconocibles, tres actrices magníficas al frente, tanto en el drama como en la comedia, y con una gran complicidad mutua, Thi Mai se presenta de este modo como un digno acercamiento a la realidad social desde los postulados de la comedia popular, a los que siempre ha estado adscrita Marta Sánchez, su ya veterana guionista televisiva —cientos de episodios de 7 vidas, Aída y Allí abajo—, aunque en su primer libreto para cine. Con evidentes virtudes de producción, en un rodaje en Hanoi que se supone nada fácil pero que luce con naturalidad, Ferreira lleva la dirección con ritmo y soltura, aunque en algunas de las siempre complicadísimas secuencias de slapstick deambula peligrosamente por el alambre del ridículo.
De modo que a pesar de venderse como comedia pura, es en la diversidad del panorama femenino que presenta, y en sus actitudes, donde más se agradece una película que, sin embargo, resbala en las líneas burlescas alejadas de sus tres protagonistas. Y ahí los discretísimos diálogos con los que tiene que lidiar Dani Rovira son la muestra inequívoca de una obra paradójicamente mejor en su crítica social que en las raíces del jolgorio con las que pretende venderse. No Recomendada.



El extranjero. (Reino Unido, 2017). Dir. Martin Campbell.
Thriller británico interpretado por Jackie Chan, Pierce Brosnan, Charlie Murphy y Katie Leung.
El score está compuesto por Cliff Martinez.
El terrorismo, lacra compleja en sus esencias y en sus motivaciones, en sus derivaciones políticas y en los métodos para su aniquilación, admite pocas sutilezas en sus consecuencias. Un padre roto por la muerte de su hija inocente. Punto. Deseos de venganza. Una fusión entre trascendencia temática y borrón emocional de brocha gorda a la que pretende llegar con profesionalidad, altas dosis de valentía y aún más de insensatez “El extranjero”, película de Martin Campbell basada en una novela publicada en 1992 por el británico Stephen Leather, “The chinaman”, ambientada durante una ola de atentados del IRA Auténtico en Londres, y en la que se ve involucrado un sencillo ciudadano británico de origen vietnamita, que esconde un oscuro pasado: fue miembro de las fuerzas especiales del Viet Cong y, básicamente, esconde a un guerrero jubilado en la sombra.
¿Un sesentón oriental, viudo y con una única hija, poniendo en jaque al mismo tiempo a toda una organización terrorista y al gobierno británico, pidiendo los nombres de los que asesinaron a su hija adolescente y actuando violentamente ante las negativas? Suena muy loco y en realidad lo es. Pero coloca a Jackie Chan de protagonista, y al menos una parte del público entrará en sus particularidades en torno al cine de acción. Campbell, viejo zorro, con éxitos comerciales en tres décadas, incluyendo un par de trabajos para la saga James Bond —Goldeneye y Casino Royale—, sabe cómo utilizar la narración y el ritmo, y cómo filmar tanto las luchas como el suspense.
Sin embargo, la historia de Leather, adaptada al cine por David Marconi, es tan ambiciosa y al mismo tiempo tan disparatada que, a pesar de la lógica interna de un relato compuesto con eficacia, solo admite cierta validez externa —política, histórica— en el terreno del fuego de artificio efervescente e irreflexivo. Así, entre otras osadías, ver a todo un viceministro principal del gobierno de Irlanda del Norte disparar en las rodillas a un jefazo del IRA durante una reunión, y con un intérprete, Pierce Brosnan, que parece vestido y maquillado para parecer un doble de Gerry Adams, convierte a la secuencia en algo ciertamente inolvidable. No Recomendada.



The Jungle Bunch: La panda de la selva. (Francia, 2017). Dir. David Alaux.
Película de animación francesa.
Pese a la extendida teoría entre ciertos padres de que a los críos les pones dibujos en una pantalla de cualquier tamaño y se quedan embobados para un buen rato, los niños no se lo tragan todo. Como decían Les Luthiers: "Los niños, aun los más pequeñitos, también son seres pensantes, casi podríamos decir que son seres humanos".
Un criterio que podría confirmarse con la visión de la película francesa “The Jungle Bunch: La panda de la selva”, extensión hasta más allá de la hora y media de duración de la serie del mismo título, emitida en España por Clan TVE y de apenas diez minutos por capítulo, uno de las más toscos productos de animación, en lo técnico y en lo narrativo, que hayan pasado por los cines españoles en los últimos años.
Con una esencia asentada en el mensaje de tolerancia y la defensa de la diferencia, pues su protagonista es un pingüino tigre —de formas y movimientos de ave marina, pero con colores y dibujo de felino—, La panda de la selva no va más allá. Técnicamente cerca de lo deplorable, con un montaje y una puesta en escena, o su simulacro digital, que parece conformada a partir de cualquier programa informático de saldo con apenas un par de posibilidades —zoom hacia adelante, zoom hacia atrás—, un diseño de personajes horrendo —la tigresa madre parece un peluche de un bazar chino—, y unos rudimentarios movimientos en la animación, la película podría tener, al menos, algo de imaginación en su narrativa, o en sus diálogos, pero tampoco es el caso.
Su incomprensible estructura narrativa, donde no hay planteamiento aristotélico de la historia, y ni siquiera una refrescante anarquía que la haga destacar, completa un producto cerca de lo infame que solo puede llamar la atención con el póster en la entrada de una multisala. Pero en cuanto los dibujos se pongan en movimiento y sus personajes comiencen a hablar, los niños, seres pensantes, estarán muy lejos de tragarse lo que les están contando y mostrando. No Recomendada.



La música en el cine: Carmen Gloria Madrigal

Programa nº 24 de "La música en el Cine".
12 de enero de 2018.  Radiopolis (88.0 FM)
"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radiopolis

jueves, 11 de enero de 2018

Wonderstruck. El museo de las maravillas



En El Museo de las Maravillas, Todd Haynes (1961) lleva a la pantalla la novela juvenil "Maravillas" (Wonderstruck), de Brian Selznick (1966), pariente del célebre productor David O. Selznick, y autor también del libro "La invención de Hugo Cabret" que llevó al cine Martin Scorsese. La película nos cuenta dos historias que transcurren de forma paralela, aunque tienen lugar en épocas y lugares distintos, ambas están protagonizadas por niños: Rose, una niña sorda que vive en New Jersey en 1927, y Ben, un chaval de una localidad de Minnesota, que en 1977, por accidente, pierde la audición. Los protagonistas, deseosos de encontrar un sentido a sus vidas, emprenden sendos viajes en busca de su identidad, viaje que les llevará hasta la ciudad de Nueva York, donde un museo de piezas singulares, por su valor y su rareza, "El museo de las Maravillas", constituye el espacio donde convergen ambas historias. 

Estreno mundial en Cannes, sin el éxito de su anterior título, "Carol", que logró la Palma de Oro en 2015

Dice Haynes que lo que le interesó de la novela es "cómo reflejaba la situación de vulnerabilidad de esos adolescentes ante un sentimiento de pérdida. Eso es algo que está ligado a la exigencia de encontrar tu lugar en el mundo. Un conflicto que, efectivamente, de un modo u otro está presente en casi todos mis trabajos, quizá porque todos hemos pasado por ahí". 

Para el papel de Rose, Haynes realizó un cásting al que acudieron 250 niñas, y la elegida fue Millicent Simmonds, una chica de 15 años, sorda como su personaje, sin experiencia en el cine, y vuelve a contar con Julianne Moore, después de “Safe” y "Lejos del cielo". 

Millicent Simmonds y Julianne Moore caracterizada como Lillian Mayhew, en un claro homenaje a Lillian Gish

El cine de Todd Haynes se caracteriza por su cuidado estilo formal, es un cine sutil y poético aunque no carente de toques de vanguardia; aquí como en otras de sus películas, pone los ojos en un pasado relativamente reciente de Estados Unidos, evidenciando los prejuicios y la hipocresía de la sociedad.

Dado que las dos historias están separadas en el tiempo por cincuenta años, para su relato, el director alterna constantemente dos estilos y dos técnicas narrativas distintas: fotografía en blanco y negro y escasez de diálogos para la acción que transcurre en 1922, donde destaca la función narrativa de la música compuesta por Carter Burwell (todo un homenaje al cine mudo), y frente ello, el colorido y la estética hippy, propios de los años 70, acompañados por composiciones pop de la época, como la canción Space Oddity de David Bowie, muy presente en el relato (incluso en el trailer promocional). 



Asistimos a una primorosa recreación de las dos épocas en las que transcurre la acción, para lo que hay que destacar la "doblemente" cuidada fotografía de Edward Lachman, un habitual colaborador de Haynes, así como el trabajo que la diseñadora Sandy Powell, ganadora de tres Oscar y responsable también del vestuario de títulos anteriores de Haynes como "Velvet Goldmine", "Lejos del Cielo" y "Carol".

En esta historia, además de al cine mudo, se rinde también homenaje a los primeros museos, aquellas galerías de maravillas donde se exhibían cosas raras y curiosas, tal vez por eso la palabra "museo" se ha incorporado al título en español, aunque en realidad son dos los museos que aparecen en pantalla: el Americano de Historia Natural, que juega un papel importante en ambas historias, y el Museo de Queens, en la parte final.

Moore y Haynes durante el rodaje en el Queens Museum

Estrenada en nuestro país el pasado día 5 de enero, Wonderstruck es un auténtico regalo de Reyes para los amante del cine elegante y sutil. 

Todos estamos en las alcantarillas, pero algunos miramos las estrellas (Oscar Wilde)




viernes, 5 de enero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 05-01-2018



5 películas se estrenan el 5 de enero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Tres producciones estadounidenses, una canadiense y una española. Quedan sin editar en nuestra ciudad la comedia de cine independiente “Qué fue de Brad” (Mike White, 2017), protagonizada por Ben Stiller y la comedia belga “Entre ellas” (Solange Cicurel, 2017). Comencemos el año pidiéndoles a los Reyes Magos que se queden menos películas sin estrenar en Sevilla. Echemos un repaso a los 5 filmes estrenados.     


Wonderstruck: El museo de las maravillas. (USA, 2017). Dir. Todd Haynes.   
Drama de época (años 20 y años 70) protagonizado por Oakes Fegley, Julianne Moore, Michelle Williams y Amy Hargreaves.
El score lo compone Carter Burwell.
9ª película que se estrena en nuestra ciudad de la Sección Oficial del Festival de Cannes 2017.
Preciosísima doble historia en «Wonderstruck», la de una niña sordomuda en la década de los años veinte y la de un niño accidentalmente sordo en la de los setenta, que el guion irá puntuando de modo paralelo y dejando rastros y sentimientos entre uno y otro, ambos huidos a Nueva York en busca de referencias paternales.
Esa capacidad inigualable de Haynes para empapar de época y buen gusto su cine («Carol», «Lejos del cielo»…) produce aquí un magnifico pulso visual entre los dos tiempos de ese Nueva York, en blanco y negro, en color y musical. Y aunque el atado de hilos narrativos en el guion, ese enternecedor lazo entre las dos historias y sus protagonistas, deja ver el nudo con antelación, se construye el puzzle sentimental con gran eficacia y emoción.
Todd Haynes es un cineasta muy admirado por Almodóvar, y aunque «Wonderstruck» no participe del universo melodramático del gusto del director manchego, hay que dejarlo en salazón para que aguante sin caducar hasta el final, por si acaso. Recomendada.



Molly´s Game. (USA, 2017). Dir. Aaron Sorkin.
Drama basado en hechos reales protagonizado por Jessica Chastain, Idris Elba, Kevin Costner y Michael Cera. 
Nominada a Mejor Guión y Mejor Actriz de Drama (Jessica Chastain) en los Globos de Oro 2017.
Moly es el nombre de la planta mágica que Hermes entregó a Odiseo para poder derrotar a la maga Circe, que había animalizado a los miembros de su tripulación tras seducirles con los placeres de su palacio. Circe podría ser la santa patrona de todos los casinos y burdeles del planeta: la portadora de un inquietante secreto, consistente en haber contemplado el porcino mínimo común denominador de todo sujeto necesitado de sus servicios y su discreción. Una sola letra separa a la planta mágica del nombre de la protagonista de la ópera prima como director de Aaron Sorkin, guionista que, en ningún momento de su trayectoria, había levantado el más mínimo atisbo de duda sobre su poderosa autoría, pese a no haberse sentado hasta ahora en la silla de mando del cineasta. Si Molly Bloom fuese objeto de su invención, uno podría acusarle de sobrecargarlo todo de significado, pero el personaje interpretado por Jessica Chastain en “Molly’s Game”, deportista malograda que se reinventó como emprendedora del póker ilegal, es tan real como el libro de memorias del que ha partido Sorkin para este debut de brillantez tan avasalladora como previsible. Quizá la biografía de Bloom demuestra que la vida es más poderosa que la ficción, pero el trabajo del director guionista sobre esa vida también demuestra que uno de los usos de la ficción puede ser el de extraer y amplificar todas las potencialidades simbólicas de una vida. Así, en un momento de la película, Molly piensa en sí misma como Circe y el espectador puede pensar que sí, Molly es, a la vez, Circe y su moly; la maga y su integridad para proteger el secreto, aun a su pesar.
También parece llovido del cielo el eco nominal joyceano en un trabajo dominado por la autoconciencia lingüística, donde los alcohólicos abren sus monólogos con hipotéticos títulos de novela negra o los jueces dictan sentencia como si pidieran un plato al camarero. El lenguaje, sinuoso como el recorrido de una esquiadora en una pista con baches, es el motor de este excepcional trabajo que, en su sentido cocainómano del montaje, sabe apropiarse de la vulgaridad de “El lobo de Wall Street” (2013) o “La gran apuesta” (2015) para subrayar que no es el glamour, sino la sordidez lo que está más cerca del dinero. Una brizna de integridad –el Santo Grial sorkiniano- aguarda en el último rincón del infierno materialista. Recomendada.



Que baje Dios y lo vea. (España, 2018). Dir. Curro Velázquez.
Comedia donde se mezcla la religión y el futbol, protagonizada por Karra Elejalde, Alain Hernández, J. M. Montilla "El Langui", Macarena García y  Tito Valverde.
El score lo compone Fernando Velázquez.
El costumbrismo suele tener siempre un as en la manga para proveerse indefinidamente de llamativos toques de atención: la realidad es un yacimiento inagotable para lo paradójico y lo aparentemente insensato. Así pues, la existencia de una Champions Clerum, competición deportiva que enfrenta a equipos de futbol sala europeos integrados por sacerdotes podría parecer la afortunada ocurrencia de un guionista con ganas de jugar a hacer una comedia de la Ealing, pero resulta que es material estrictamente proporcionado por la realidad: nacida en 2005, la competición ha obtenido sus puntuales y dispersos ecos informativos, ricos en la explotación de lo anecdótico –la querencia de los hombres de fe por el juego limpio y su resistencia a blasfemar en la cancha-, que atrajeron la atención del hasta ahora guionista Curro Velázquez a la hora de encontrar una premisa para su opera prima como director.
“Que baje Dios y lo vea” –proyecto que nació bajo el título de “Uno, equis, Dios”- se inscribe dentro de esa tradición de comedia deportiva que centra su atención en la superación de un reto colectivo desproporcionado en aras de una simbólica derrota del Bien contra el Mal: en este caso, los novicios de un monasterio amenazado por la especulación aspirarán a ese triunfo en la Champions Clerum que les garantizará la protección del territorio. Un buen material de partida para una comedia blanca que, no obstante, se malogra en un resultado que parece delatar un denso entramado de decisiones de productor caracterizadas por el automatismo y la mímesis irreflexiva de éxitos de taquilla precedentes.
Resulta desalentador que a un actor como Karra Elejalde no se le pida (o no se le deje) construir un personaje, porque lo que se busca no es a un actor que interprete a un monje, sino la inmediata comicidad derivada de un Karra –a poder ser, el mismo Karra de sus últimos trabajos- con hábito. Que la película conciba a los novicios como una suerte de tiernos inmaduros afectivos y que el camino a la victoria pase por la celebración de ese tan fastidioso factor identitario –los cojones- corona el desaliento. No Recomendada.




Insidious: La última llave. (USA, 2018). Dir. Adam Robitel.
Secuela de terror sobre elementos sobrenaturales, protagonizada por Lin Shaye, Angus Sampson, Leigh Whannell, Josh Stewart y Caitlin Gerard.
La cuarta entrega de 'Insidious' parece que deja a la franquicia sin ninguna parte a la que ir. Es extremadamente irregular y confusa y está mal desarrollada. Al ser la secuela de la precuela 'Insidious: Capítulo 3' (2015) –su relato, pues, habla de eventos justo anteriores a los narrados en 'Insidious' (2010)-, esta película intenta estrujar un poco más una saga ya gastada. El director Adam Robitel demuestra saber cómo construir tensión y despistar la atención del espectador, pero eso no evita que buena parte de los sustos sean predecibles en buena medida porque son los de siempre. Y la preocupación por conectar con la mitología preexistente resta foco a la historia y genera cierta sensación de rutina. Como resultado, 'La última llave' solo satisfará a completistas de la ficción seriada y a los más ávidos aficionados al género. No Recomendada.



Sola en casa. (Canadá, 2017). Dir. Peter Lepeniotis.
Película de animación.
Que hay un universo creativo alejado de las grandes productoras de cine de animación infantil se demuestra con la ingente cantidad de películas del formato que se vienen estrenando cada año, sobre todo en época vacacional. Sin embargo, que en esos territorios y casas, ajenos a la enorme maquinaria inventiva y publicitaria de tótems como Pixar, Disney, DreamWorks o Sony, se circule completamente por libre, con ideas propias, sin referentes provenientes precisamente de esos emblemas del éxito, tanto en el dibujo como en la narrativa, es bastante más dudoso. Por suerte los hay, pero no tantos como sería de celebrar.
Y entre los que, desde su época de cortometrajista, han visto domesticadas sus ínfulas creadoras está el canadiense Peter Lepeniotis, director debutante con la digna pero convencional “Operación Cacahuete”, demasiado alejada en materia innovadora de su pieza inspiradora, que decidió mantenerse al margen en la reciente secuela, y que de nuevo aparece por los cines españoles con su nueva obra: “Sola en casa”, película de cierta apariencia en algunos aspectos, pero usual en otros, que deambula entre lo peculiar y lo mil veces visto, en torno al sempiterno trauma de los críos por las constantes mudanzas de sus padres —en este caso madre, en solitario— de ciudad en ciudad, y por tanto de amigos en amigos, de vida en vida.
Mezcla de cotidianidad y de fantasía, con una nueva casa atestada de bárbaros trolls y de bondadosos gnomos, la película de Lepeniotis, a pesar del aspecto un tanto mecánico de su animación digital, destaca por la eficacia de la expresión corporal y facial de su chica protagonista. Esas caídas de ojos hacia sus mayores, esos arqueos de ceja, entre la chulería, el pasotismo y el falso beneplácito, tan típicos de la pre-adolescencia, están clavados en un dibujo de personaje muy simpático, que se completa incluso en los gestos de piernas, brazos y cuello, realistas a pesar de no serlo, en esa estampa tan habitual con la mirada fija en el móvil o tableta y los auriculares en las orejas.
Y aunque la historia no muestre nada nuevo, se nota que hay alguien con gusto para la puesta en escena animada y su montaje, sencillos y elegantes, desde luego mucho más trabajados, cinematográficos y sugestivos que sus insípidos y olvidables villanos de turno. No Recomendada.



lunes, 1 de enero de 2018

La princesa prometida: Paseo a través del tiempo y las generaciones



Que mejor manera de despedir el año 2017 y recibir al 2018 que recordando “La princesa prometida” una película intemporal que pasa a través de los años y las generaciones y que acaba de cumplir 30 años de su estreno en España en este mes de diciembre (Su estreno fue el 18-12-1987).
Es uno de esos cuentos imperecederos que nos cautivaron, nos siguen cautivando y nos seguirán cautivando a nosotros y a nuestras futuras generaciones sin duda alguna. Parte de una base de la aventura como género, que nos  guía hacia una narración en la que también figuran el romance, el suspense, el terror y, por supuesto, la comedia, pasando de uno a otro terreno de forma fluida e imperceptible. “La Princesa prometida” es una película de culto con la que han crecido varias generaciones en todo el mundo, es una historia narrada entre dos generaciones (abuelo y nieto) con distintas sensibilidades, por ello nos remite a ese algo atemporal e intangible que es la narración verbal, las historias pasadas de abuelos a padres y nietos.


Lo primero a destacar en esta película es el guion, basado en una novela de William Goldman, escritor, novelista, guionista y articulista estadounidense nacido en 1931 que escribió la novela con el alias de Simon Morguestern y la publico en 1973, se comenta que era un cuento dedicado a sus dos hijas y tras preguntarles sobre que les gustaría que hable el cuento, una de ellas sugirió la palabra princesa y otra la palabra boda. Goldman ha sido uno de los guionistas cinematográficos más afamados del último cuarto del siglo XX, ganó el Oscar al mejor guion original por Dos hombres y un destino en 1970 y otro al mejor guion adaptado por Todos los hombres del presidente en 1977. Desde la publicación de la novela fueron varios los intentos de llevarla a la pantalla, ya en 1973, la 20th Century Fox pagó al escritor medio millón de dólares en derechos de adaptación y como pago por su labor de guionista, asignó a Richard Lester como director y la cinta estaba en un tris de hacerse realidad cuando el responsable de producción de los estudios fue despedido y todo se paralizó, el director ha comentado que el mismísimo François Truffaut estuvo interesado en el proyecto. A la vista de que no se ponía en marcha el proyecto, el propio autor recompró los derechos de vuelta años más tarde, contacto con Reiner, de cuyo padre era amigo y ambos consiguieron que el proyecto se reactivase.

La historia comienza con el recurso del abuelo que le lee un cuento al nieto diciéndole "Cuando yo tenía tu edad, los libros eran nuestra televisión. Y este es un libro especial. Es el libro que mi padre me leía cuando yo estaba enfermo y que yo solía leerle a tu padre. Y hoy voy a leértelo a ti". Desde el aburrimiento inicial que el niño manifiesta ante la lectura, pasa a estar atrapado por la pura aventura, con una fenomenal persecución en los Acantilados de la Locura, y una secuencia de esgrima de las mejores, más divertidas e ingeniosas de la historia del cine, siguiendo con pruebas de astucia y de fuerza, realizadas para conseguir rescatar a su amor verdadero. En realidad, hay dos partes bien diferenciadas, la primera hasta que la princesa es liberada por el hombre de negro, y la segunda el nuevo intento de rescate, con un enamorado hecho polvo y ayudado por los dos antiguos enemigos. Durante toda la película se habla de amor y de venganza, pero sin ñoñería, ni de violencia, consiguiéndose un gran equilibrio estético que conquista a personas de cualquier edad y de cualquier parte del mundo.

El director Rob Reiner nos remite de una manera muy simple a valores universales y fácilmente comprensibles para cualquier generación, el amor y el honor. El amor se nos transmite como algo que no entiende de razas, ni clases sociales, ni género, ni de nada más que de sí mismo, ya que nos cuenta el amor de la pareja formada por Buttercup y Westley, pero también el de un abuelo por su nieto, y el que existe entre Fezzik el gigante, con su alma sensible capaz de concebir ingeniosas rimas mientras emplea su gran fuerza para salvar a sus amigos de cualquier peligro, y su inseparable amigo Íñigo Montoya, este peculiar dúo nos demuestra la importancia de la amistad para superar los obstáculos que se nos presenten en nuestras aventuras por la vida.
El honor, lo encarna Iñigo Montoya, un buscavidas que lleva veinte años intentando vengar la muerte de su padre, asesinado por un hombre con seis dedos en la mano derecha y no descansará hasta alcanzar su meta haciendo gala de unos modales excelentes como espadachín. La frase “Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate a morir" que Iñigo pronuncia repetidamente es mítica en el ideario cinéfilo. 
La película está filmada en impresionantes paisajes de Inglaterra e Irlanda, magníficamente fotografiada por Adrian Biddle (director de fotografía de Alien y de Willow). Esta acompañada por una maravillosa banda sonora realizada por Mark Knopfler, de Dire Straits, sin esa música no sería la película lo que es. No olvidarnos del diseño de vestuario de Phyllis Dalton, toda una leyenda de su oficio, con títulos como Lawrence de Arabia y Doctor Zhivago a sus espaldas. Pero es el reparto en el que finalmente recae el hacer creíbles a esos personajes, siendo en general los actores unos casi desconocidos protagonistas, Robin Wright y Cary Elwes como Buttercup y Westley que nada o muy poco habían hecho para el cine, dos caras más familiares como Fred Savage y Peter Falk (nieto y abuelo), Billy Cristal irreconocible como el extravagante personaje de Vizzini,  Chris Sarandon muy poco conocido en aquella época como príncipe Humperdinck y  Mandy Patinkin que venía del mundillo de Broadway como Iñigo Montoya.

La princesa prometida no fue un éxito en su momento, aunque tampoco un fracaso, recaudó poco más de 30 millones de dólares, una suma aceptable, pero muy alejada de los más de 300 millones que logró Atracción fatal ese mismo año. Fue el vídeo quien la encumbró, el boca a oreja, la mejor campaña de marketing de las buenas películas hizo su trabajo y la convirtió en la película de culto que es hoy en día.

Es una película que emociona, que nunca cansa y siempre sorprende, que no envejece y que es objeto de culto y veneración por todos los amantes del cine que siguen creyendo en los cuentos de hadas. Si volvéis a verla reconoceréis cada pasaje y cada diálogo como el primer día y descubriréis de nuevo, que es una de esas películas que se mantienen en forma con el paso del tiempo.

En palabras de un crítico “Si alguien se pregunta por qué seguimos hablando de La princesa prometida treinta años después de su estreno, la respuesta es que la película de Rob Reiner es cine total, es familiar y adulta, autoconsciente sin ser paródica, respetuosa, humilde, tierna y profundamente honesta